Cincuenta años
Por este tiempo de enero, según la ficha laboral de la Seguridad Social, estaba llegando a Asturias, hace cincuenta años.
Y es que llegabas un día, al siguiente solicitabas trabajo en Hunosa y de inmediato un ligero examen médico en el chalé de la empresa en Ciañu, tres días de prueba en el pozu, y ya, trabajo asegurado hasta la prejubilación (incluida una excedencia de cuatro años para viaje prolongado en Nicaragua, y respeto del puesto laboral de picador, porque a la vuelta "todavía" hacían falta picadores, y también porque la fuerza sindical permitía hacer cumplir esos derechos).
Contar esta batallita de derechos conquistados por la clase obrera a las generaciones de jóvenes aspirantes a trabajadores de ahora choca frontalmente con las nuevas realidades de la precariedad impuesta (y permitida), y se hace preciso un recorrido y explicación de los cambios sociológicos profundos en Asturias, y acentuados en las antiguas cuencas mineras.
Y también en la "amplitud" de la clase, al necesitar la explotación de carbón de todas las manos: los saharauis que entraron con nosotros procedentes de la provincia española número 53, los guineanos y, desde luego, los galegos, andaluces, extremeños, cuya variedad impedía el trato racista o los mensajes de odio xenófobo de los que hoy se retroalimenta la carroña de la derecha extrema.
Diversidad de procedencia entre mineros y familias y cometido común en el aprendizaje histórico de luchas de las Cuencas, que propiciaban el auge de los valores más altos de la clase, la solidaridad, el compañerismo, la acción colectiva (movilización y organización) por la justicia elemental.
Mamados desde la misma fuente tales valores vitales, en el tiempo intenso del antifranquismo o antidictadura franquista, también sucedieron después otros tiempos, de desmovilización, de adaptación a la democracia conquistada (de regreso muy temprano de las decenas de saharauis a la guerra descolonizadora en su tierra), de acomodación de partidos y sindicatos a realidades nuevas.
De la época citada, lo mismo que teníamos en la memoria los 98 nombres y apellidos de los afiliados al PC en el pozu Sotón, o la proyección de películas en los "montes" en centros sociales antiguos de Santa Bárbara, La Cerezal o L'Armendite, que funcionaban como poder decisorio para temas locales (y como reservorios de Memoria de las luchas), o los encierros multitudinarios (como en la iglesia de L'Entregu) por acciones con origen laboral pero de contenido profundamente político, que incluían "marchas" sobre la nieve, desde los pozos hasta los mercaos de los lunes en Sama.
Cincuenta años, medio siglo. En otro espacio de tiempo, y en otro escenario brutalmente diferente (por la guerra de agresión destructora que padecieron los "nicas" a instancias del yanqui del Norte), fui acumulando desde el "título" de Cachorro de Sandino hasta la experiencia de enseñar en directo (o trabajar como profe y ser elegido en rebeldía "padrino" de una primera promoción de técnicas y técnicos agropecuarios en Jalapa), y ser intermediario de la frondosa solidaridad asturiana y minera hacia aquella población nicaragüense que "con las armas al pueblo" lograba derrotar militarmente a la "contra", pero perdía electoralmente ante las demandas de paz en el año 90. Sabido es que allí sucedieron diecisiete años de gobiernos liberales, y que lo que vino después con Daniel y Rosario devino en antirrevolución y represión a sus antiguos compas hasta extremos aberrantes, como es el robarles no solo los bienes y pensiones, sino la propia nacionalidad, o dejar morir a dos de sus generales en prisión vengativa.
Medio siglo es casi la cifra de tiempo en que han sido escritas miles de "cartas al director" en varios medios asturianos, preservándose mucho más tiempo en LNE, cuyo recorrido tan largo y continuado podría dar para una pequeña historia epistolar.
En todo caso, "cartas" con variados temas, pero con uno predominante en las preocupaciones y propuestas del mundo de las solidaridades; las nuestras acá en las demandas de justicia local, y las otras, las "internacionalistas", derivadas, sobremanera, de los grandes movimientos sociales que logran transformar situaciones de injusticia y desigualdades.
Cincuenta años es el tiempo de aprendizaje, que nunca cesa, y también de agradecimiento al paisanaje astur, tiempo, en realidad, de construcción particular de un hombre feliz, dado el buen trato recibido por todas.
Y, por lo tanto, Gracies Mil, Asturies.
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