Las formaciones políticas y sus bases
No pretendo hablar sobre los fundamentos de los partidos políticos, me refiero a sus bases, afiliados o simpatizantes que, juntos y con un ideario, por supuesto, permiten a las personas que tienen don de liderazgo, padrino o derecho sucesorio, formar una asociación, en este caso un partido político, mandar en él, ostentar su representación y lograr un cargo político de mayor o menor relevancia. Estas bases, militantes, son llamadas, en ocasiones, a posicionarse dentro de su propia formación, a favor o en contra de un líder o "lideresa", en pugna con otro u otra ídem.
En estas pugnas internas suelen argüirse argumentos sensibles tales como principios democráticos, ideológicos o similares, asuntos usados como cargas de profundidad o también motivos personales que, bien traídos, acaban siendo, por mimetismo, asumidos por una parte u otra, y todo ello derivarse en ruptura y desgaje del tronco inicial común para iniciar una nueva andadura con nuevas normas a aplicar.
Por citar algun que otro ejemplo, tenemos a Rosa Díez que dejó su militancia socialista para embarcarse en una aventura que no defino pero que me consta arriesgada y, sin ir más lejos, a Francisco Alvarez-Cascos que está imponiendo al PP asturiano y al PP de Rajoy un castigo de consecuencias inciertas.
Como en cualquier colectivo del que se forma parte, como en toda actuación que se rige por unas normas, unas veces se está con la mayoría, otras en minoría, con razón o sin ella. O se asume y se espera una mejor ocasión para convencer, o se rompe la baraja.
Pero ¿fuera de la Iglesia hay salvación?. !Allá ellos!
Son las "bases" que les apoyan, quienes se han "peleado" por ellos, quienes se han afanado por auparles y muchas veces incluso se han enemistado con antiguos amigos y compañeros, son ellos los que se arriesgan a perder, a perder la ilusión, porque, tarde o temprano, puede que se vean nuevamente en minoría o, pasada la euforia, defraudados con la dolorosa sensación de haber sido manipulados por creer en un espejismo, en una persona que los ha utilizado para su conveniencia o por nostalgia de tiemps personales pasados.
Estas bases, éstas que no esperan nada a cambio de su dedicación son dignas de respeto y, quizá con el tiempo, aprendan a sospechar antes de tropezar, si llega el caso, más veces en la misma piedra.
Ahora bien, puede que, desde ya, deban desconfiar de ciertas nuevas compañías - aunque las necesiten para hacer bulto- que no dejarán de arrimarse a las nuevas siglas, incluso abrazarlas sin disimulo ni vergüeza algunos, o con un disfraz pudoroso otros. Sin apenas hurgar pronto advertirán que no les mueve siempre los ideales esgrimidos sino el rencor, el despecho, la envidia, o, simplemente el interés.
!Lagarto, lagarto!
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