El robo con violencia a ancianos debe castigarse como terrorismo
Ese robo de cuatro salvajes a una pareja de ancianos con amordazamiento y apaleamiento incluido a un señor de 81 años debe marcar un antes y un después en nuestra legislación. Esta es la sociedad permisiva que estamos construyendo.
No respetan ni a ancianos ni a nadie, no solo esos cobardes encapuchados, es más, vayan por cualquier pueblo o ciudad, hagan un estudio, verán la cantidad de personas mayores solas, sin ser decisión propia, que están abandonadas a su suerte. A nadie importan. Ni al Estado ni a las familias ni a la sociedad en general (están más preocupados por el lobo y los perritos que por las personas mayores que sufren deterioro mental, físico, económico y social), ni tampoco importan nada a las feministas, ya que el 80% de las personas en soledad obligada son mujeres. Cuidan más las perreras que las residencias de ancianos, donde vimos cómo son tratados, ni comer bien siquiera; cuando necesitaron de nosotros en la pandemia los dejamos morir como perros. Cobarde sociedad. Luego culpamos a la Ayuso, cuando ocurrió en toda España por igual o en mayor proporción.
Una sociedad que mete a sus hijos en guarderías, a sus padres en las residencias y se compran perros para hacerles compañía es una sociedad podrida. Son gilipollas. Ellos piensan ser jóvenes por siempre.
Sobre esos ladrones y cobardes hasta más no poder (ya podrían cuatro contra un anciano de 81 años), cuando los atrapen, el juez debe meterlos en la cárcel para siempre, esa cobardía merece el premio del castigo más severo.
Luego queda la educación, debemos replantear los valores: el esfuerzo, el respeto y la disciplina. La permisividad trae luego cosecha de energúmenos y violentos como estos cuatro macarras.
Qué decir de la inmigración descontrolada, la que se permite sin regular. Donde, sin carta de presentación, sin ningún tipo de salvoconducto fronterizo, sin documentación ni disposición a integrarse en el país de origen, generará, sí o sí, delincuencia e inseguridad.
Esta permisividad con la invasión de islamización no trae nada bueno. Vean que vienen aquí, no se van a los países afines a su religión y cultura, allí fueron educados en reglas que aquí llevamos superadas mucho tiempo, en concreto, por la igualdad y el respeto a la mujer. En muchos de los lugares de donde proceden hasta les dicen cómo vestir, las obligan a casarse de niñas, les mutilan los genitales (ablación); existen en esos países de tanto fanatismo religioso muchas otras barbaridades contra la mujer, como el llamado crimen de honor, donde, si es cometido por la mujer, no tiene ningún tipo de rebaja, como así lo tiene si es cometido por un hombre.
Creo que estamos abriendo las puertas a personas que jamás se integrarán aquí, vienen de un mundo muy diferente, empobrecido, de mucho fanatismo, que irán trasladando aquí.
Hay otra inmigración que se sabe con signos de violencia extrema en robos con intimidación proveniente de sudeste de Europa... pues tampoco se regula. Aquí, quien venga a trabajar, bienvenido sea; quien lo haga para delinquir, mandarlo para su país sin miramientos. ¡Ya está bien!
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