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Una enloquecida carrera de ciegos

27 de Septiembre del 2025 - Luis García Oliveira (Gijón)

Sin que quepa el menor paliativo que atenúe su impacto, esa es la imagen que cada vez más se percibe del creciente espectáculo que, un día sí y otro también, nos ofrece una enloquecida turba de temerarios belicistas pro ucranianos. Todos ellos sumisos títeres ante las indisimuladas amenazas y coacciones de un frívolo y descerebrado patán. Sí, el mismo que sin el menor respeto ni mesura en sus habituales exabruptos, suele exhibirse profusamente rebozado en densos y azafranados tintes, muestra inequívoca del estrafalario gusto estético y de la chabacanería de un sujeto cuya residencia más apropiada que la Casa Blanca sería la de una robusta jaula cerrada bajo siete llaves.

Y es que la puja en la escalada verbal, a raíz de que se iniciase la guerra en Ucrania, parece no tener fin, en particular y más acentuadamente, por parte de la charlatanería política y militar occidental. Ante ello, lo primero que se percibe es la carencia del menor atisbo de cordura y responsabilidad por parte de quienes ocupan cargos y representaciones de alto nivel, conformando unos y otros la viva imagen de bomberos pirómanos.

Convencer primero a una mayoría ciudadana sobre la supuesta amenaza rusa de invadir Europa es ahora uno de los principales propósitos de los cada vez más desacreditados voceros occidentales. A partir de ahí, rearmarse hasta la locura es lo consecuente a su empeño. Lógicamente con armamento americano, claro está, que no vamos a hacerle el feo a nuestros padrinos yankis de no dejarnos ayudar a defender nuestras fronteras ante las reiteradas advertencias de la amenaza comunista que ellos ven por todas partes. De las archimillonarias cantidades de dinero público que habrá que pagar a los EE. UU. por tal ayuda, ya hablarán y decidirán ellos más adelante.

De otra parte, algunos no menos entusiastas, pero sí más realistas en el ámbito financiero, ya lo han advertido; como el canciller alemán, que muy recientemente ha asegurado que el sistema de pensiones de su país resulta "inviable". Y es que el dinero de algún sitio tiene que salir, aunque de las ingentes cantidades requeridas por los amanuenses de la OTAN y el desbocado mandarín trasatlántico, ni una sola objeción.

Pero, por si el concurso de los valedores de dicha guerra y de sus propuestas armamentistas no fuese suficiente, no falta el escorado aval de los numerosos y poderosos medios de persuasión a su servicio (prensa, radio, TV...) que con el mayor de los descaros y sin el menor rubor versionan a conveniencia toda referencia a la cuestión, cumpliéndose una vez más aquello de que la primera víctima de toda guerra siempre lo es la verdad de su motivación.

Y como broche de oro a esta situación ya consta la inapelable directriz de nuestros amigos americanos, que exigen interrumpir tajantemente todo tránsito comercial de gas y petróleo rusos, ofreciéndose amablemente ellos a facilitarnos la adquisición de ambos recursos. Eso sí, al multiplicado precio que supone transportarlos en barcos contenedores desde mucho más lejos. Todo sea por la causa, aunque preguntarse hasta dónde nos llevarán los gestores de la enloquecida dinámica armamentista imperante es algo capaz de infundir temor hasta en el más templado de los ánimos. Y como a ninguno de ellos le interesa lo más mínimo que se recuerde ahora cual fue el origen del conflicto -la intolerable disposición para el Kremlin de baterías de misiles hipersónicos sobre terreno ucraniano apuntando directamente hacia la colindante Rusia- pues todo se versiona ya como una desargumentada película barata de buenos y malos.

Que unos desquiciados jerarcas, políticos y militares, de países como Finlandia, Lituania y otros más de parecida relevancia se hayan atrevido a provocar a Rusia con sus faltosas bravuconadas, es plenamente revelador de hasta qué punto se sienten amparados. Sin el respaldo de la OTAN y los EE UU, jamás se habrían atrevido esos envalentonados a semejante despropósito.

Pero las locuras, sobre todo las de carácter bélico, conllevan siempre los inconfesables intereses de quienes comercian sin miramiento alguno con armas y con vidas ajenas, algo en lo que están muy versados sus más intemporales y añejos patrocinadores: nuestros socios americanos.

Bonito panorama, ¿verdad?, sobre todo si se contrastan necesidades en orden a su natural prioridad, como sanidad, educación, dependencia, etcétera. Así que aunque tengamos un gobierno que, a pesar de los numerosos casos de corrupción que le asfixian, no desperdicia ocasión para jactarse de estar compuesto por ejemplares socialistas, la realidad al respecto se muestra muy diferente.

Y es que resulta clamorosamente inmoral vanagloriarse de gobernar un país supuestamente solidario cuando 2,6 millones de niños españoles -casi el 34% de la población infantil- pasan hambre, además de vivir inmersos en una situación de miseria cronificada. Este silenciado crimen constituye una inaceptable tarjeta de presentación para cualquier gobierno, además de una obscenidad política de primera magnitud, por mucho que tantos apesebrados presuman indolentemente de credos y sensibilidades.

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