Lo del pasado 26 de diciembre en Valgrande-Pajares no tiene nombre
Escribo esta carta con todo el pesar que puede tener un usuario que hace más de veinte años aprendió a esquiar en dicha estación y que guarda valiosos recuerdos de este lugar tan especial para los esquiadores asturianos. Escribe también un empleado público que ve con mucha pena cómo, a veces, damos la razón a los que nos critican y no prestamos un buen servicio a aquellos que nos pagan el sueldo. Valga esto como aclaración de que ni estoy en contra de la estación, ni de que se gestione de manera pública.
No estoy especialmente al tanto de los pormenores de lo que está ocurriendo en el seno de la estación, pero creo que los usuarios no tenemos que pagar los platos rotos del desacuerdo y de las tensiones internas.
Sin más preámbulo, paso a detallar, de manera sucinta, la experiencia vivida el 26 de diciembre. Llegamos temprano, con intención de aprovechar el día de esquí, intachable en lo meteorológico, y lo primero que encontramos es una cola, no muy larga pero sí extremadamente lenta. De los dos puestos que tiene la taquilla, solo se atiende en uno. Habiendo llegado a las nueve de la mañana, no es hasta las once menos cuarto cuando subimos, por primera vez, en la telecabina. Avanzada la jornada, nos enteramos de que existía otro punto de venta, pero nadie avisa. Puede que la alta afluencia haya pillado de sorpresa a la dirección de la estación. Resulta paradójico, ya que el propio complejo invernal, en su calendario de temporada, considera el 26 de diciembre como un día de temporada alta.
Al llegar a la cota alta, comprobamos que el telesilla de debutantes no está en servicio. Unos dicen que está estropeado, otros que no. Sobre eso no voy a opinar, solo quiero apuntar que uno de nosotros es debutante y contaba con poder hacer uso de esas pistas. Una madre, con la que coincidimos en la cola, había venido a Pajares con sus hijos precisamente porque tiene una buena oferta de pistas para debutantes, lo cual, normalmente, es cierto. Dos ejemplos de personas a las que se les ha impedido disfrutar de la jornada de esquí.
Avanza el día cuando el telesilla Valle del Sol se detiene, durante 15 o 20 minutos, con esquiadores a bordo, por algún tipo de incidencia. No quiero aventurar nada, pero no sería una sorpresa que se debiese al deficiente mantenimiento o preparación previa a la apertura de las instalaciones mecánicas. En el intervalo de tiempo que se cierra el telesilla, es la telecabina el único remonte que da servicio a toda la estación. Este hecho en sí ya es relevante, puesto que poner a disposición de los usuarios otras alternativas habría tenido un efecto muy positivo en los tiempos de espera, en un día que, reitero, la propia estación reconoce como de temporada alta. La dejadez en el pisado y la preparación de las pistas es de tal entidad que merece una carta al director aparte.
Quizá Valgrande-Pajares sea solo un espejo de nuestra región. Sin duda, quien quiera entender Asturias haría bien en visitar, durante una jornada, esta estación.
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