Postrer día del año
San Silvestre y el último Papa.
Dicen por Astorga, cuna del bable: "San Silvestre, el año acabeste", y hurgo entre mis papeles y encuentro una profecía sobre el último Papa. Este patricio romano empezó su pontificado cuando aun humeaban las cenizas de los mártires en la última persecución de Galba.
Cuando apareció en el cielo una estrella que gritó a Constantino "in hoc signo vinces", cayó el emperador de hinojos y desde entonces todos los cristianos andamos persignándonos por el camino y haciendo la señal de la cruz para espantar a los malos espíritus. Melancólica tarde de San Silvestre que yo celebro con tedeums y letanías.
Tedeums por lo vivido y letanías de arrepentimiento. Cuentan las crónicas que el bendito Silvestre que vivió a mediados del siglo IV se distinguió entre los padres del Concilio de Nicea, cuyo bimilenario acaba de tener lugar, fustigando la teología antitrinitaria de arrianos y donatistas.
Yo, pecador de 81 años, he visto pasar la vida. Ya casi nada me sorprende. Silvester Abend, la tarde de este que fue uno de los primeros papas llena de tristeza y melancolía las calles de Alemania. Dice la tradición que San Silvestre, antes de ser ordenado presbítero, fue un militar destinado a un destacamento de la ciudad de Colonia.
Los días empiezan a crecer y me asaltan vagos pensamientos sobre el final. De acuerdo con ciertos augurios un día de San Silvestre la humanidad escuchará la trompeta del juicio final. ¿Quién será el último sucesor de san Pedro? ¿León XIV, el Papa reinante que trata de corregir los yerros y exabruptos de su predecesor?
La noche de Navidad los fieles cristianos pudimos escuchar en la voz timbrada de un diácono el canto de la calenda y eso es motivo de esperanza. ¿Nos acercamos al final? ¿Aparecerá Cristo triunfante en los cielos?
Ojalá, pero las cosas no pintan tal. Por lo pronto tenemos mucho Trump. Mucho Zelenski y la liga de los aliados del mal parece estar ganando la partida.
A los creyentes nos toca agachar la cabeza, guardar silencio y esperar.
Loado sea Cristo y alabanzas al glorioso San Silvestre. Otro año más. Queda abierta la puerta del 2026. ¿Qué pasará?
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