Trump, Maduro y Venezuela
No sé el motivo, pero la mayoría de televisiones y medios no emitieron la rueda de prensa completa de Donald Trump. Optaron por el habitual "corta y pega" de lo que les interesaba subrayar: el petróleo, las empresas, los intereses económicos. Sin embargo, también afirmó que reparará las infraestructuras construidas por Estados Unidos en su día, infraestructuras que el régimen venezolano se apropió y después abandonó. Insistió, además, en que habrá inversión y que el principal beneficiado será el pueblo venezolano. Y fue muy claro en un punto esencial: quienes se vieron obligados a marcharse podrán volver sin miedo a su propio país. Conviene no olvidarlo.
Ningún tirano abandona el poder porque se le reciten normas internacionales. El llamado orden internacional debería empezar por exigir a quienes empobrecen y matan de hambre a su pueblo que se marchen. Pero cuando no lo hacen, ese mismo orden termina convirtiéndose en un escudo que los protege y perpetúa. La historia es clara: siempre y en todo lugar, un matón y caradura solo se frena cuando otro matón le para los pies. La vida misma. Todo lo demás es retórica vacía.
A los tiranos, ni agua. El contraste es obsceno: la familia de Nicolás Maduro bailando y cenando a todo lujo, mientras los venezolanos hacen colas interminables para conseguir medicinas o alimentos racionados en Venezuela. Todo ello en un país con una riqueza inmensa. ¿De verdad alguien quiere este modelo para España?
Quien se aferra al poder mientras empobrece a su gente no gobierna: expolia. Cuando el poder se convierte en un fin en sí mismo, la democracia muere y nace la tiranía.
Aferrarse al poder empobreciendo al pueblo no es gobernar: es robarle el futuro.
Hace tiempo que se cruzó, sin retorno, la frontera de la tiranía.
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