La paguita
Paguita es una palabra cómoda. Cabe en un tuit, evita pensar y es muy socorrida en las tertulias. Se usa para señalar a quien cobra ayudas sociales. El abuso existe, claro. Perseguirlo, también. Lo que sobra es el histerismo cargado de empeño contra aquellos que tienen la desgracia de tener que subsistir con la ayuda del Estado, que somos todos. Porque cuando se miran los datos resulta que España destina menos presupuesto que la media europea a ayudas a los más desfavorecidos: rentas mínimas, apoyo a familias vulnerables, exclusión o vivienda. Francia, Alemania o los países nórdicos gastan más. Y no parecen repúblicas de la holganza.
La diferencia está en gestionar mejor y gritar menos. Aquí hacemos lo contrario. Poco gasto y mucho aspaviento cada vez más extendido. Y así se construye un relato que convierte a todos los perceptores en sospechosos y a algunos opinadores en inquisidores de sobremesa.
Lo realmente llamativo es la ansiedad moral que provoca la paguita en ciertos sectores, que se siente desvelados por unos cientos de euros ajenos y con una somnolencia profunda ante dispendios bastante más caros y con corbata que, diariamente, desfilan por delante de nuestras narices.
A los muy preocupados habría que tranquilizarlos diciéndoles que no se alarmen tanto, que no sean mezquinos y que, sobre todo, ojalá nunca tengan que pedir una paguita para sí mismos. Nadie presume de ayuda social; se llega a ella cuando la vida falla, y que levante la mano el que tenga garantizado no recibirla nunca jamás.
Por tanto, sería bueno hacer menos uso del dedo acusador y tirar más de la memoria. La red de protección molesta cuando es de uso ajeno..., hasta que un día le hace falta a uno para no estamparse con la dura realidad de la necesidad y la miseria. Entonces, no.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

