Dejemos bienmorir las cosas
Recientemente he leído el último cómic de Astérix, "Astérix en Lusitania". Los creadores originales de Astérix murieron hace tiempo, y han tomado el relevo Fabcaro y Conrad. Sin ser un álbum malo, está carente de vida, de mordiente, de mojo, de todo lo que tenían de bueno las historias originales. Y la pregunta que yo me hago es... ¿qué necesidad hay de continuar estas cosas? ¿Acaso aporta algo continuar la saga Millennium sin Stieg Larsson, o reemplazar a los miembros fallecidos de "Les Luthiers" con nuevos integrantes? Estos casos no son excepciones, sino síntomas de una tendencia mayor.
Creo que, por culpa de esta forzada continuidad que solo persigue el lucro, muchos creadores originales pierden la oportunidad de ser reconocidos en su justa medida -y yo mismo he caído en la trampa de consumir algunos de estos productos-.
Me imagino el día en que se pueda resucitar a las personas. Despertarán y vagarán por la calle como en "La invasión de los ultracuerpos", carentes de vida, de mordiente, de mojo. El fontanero resucitado realizará su trabajo a la perfección, pero al terminar la jornada no irá a tomar unos vinos al bar; y la prostituta no sisará unos billetes de la cartera de su cliente.
Así son estas obras, muertas en vida. Todavía recuerdo cuando escuché los LP de "The Doors" sin Jim Morrison: quise morir. Después de morir me hubiera gustado ser resucitado después para escuchar esos discos lleno de gozo.
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