El sobreesfuerzo de mantener la falsedad
La entrevista de Pedro Sánchez, el presidente reversible, con la brillante Gemma Nierga, que no "habla por hablar", expuso al personaje real: malcriado, mentiroso, arrogante, vanidoso y, francamente, increíblemente estúpido (dicho coloquialmente). Lo suficientemente estúpido como para no haber seguido ningún consejo de sus predecesores en el cargo, "porque yo lo valgo".
Nuestro presidente tuvo oportunidades, pero no tuvo tiempo de certificar que una falsedad ligeramente desviada de la verdad requiere energía constante para mantenerse. Una falsedad completamente invertida, el opuesto absoluto de la verdad, encuentra su propio equilibrio.
Como individuos corrientes no podemos verificar personalmente las afirmaciones sobre biología molecular o química atmosférica; confiamos en el sistema que acredita a los expertos y valida los hallazgos, pero el Gobierno nos vende que todo va genial, aunque la realidad del día a día nos confirma todo lo contrario.
Esto es una lucha de clases, y viene de todas partes. La inflación sube, el costo de la vida sube, los impuestos suben, la inmigración inútil sube, la delincuencia sube, la vigilancia sube, los ricos se vuelven asquerosamente ricos y la clase media se empobrece.
La natalidad se desploma, las recetas de antidepresivos se disparan, no poseerás nada y tomarás medicamentos para adormecer tu infelicidad. ¿Es todo falso?
Trabajadores obedientes, ingenuos, pasivos y adoctrinados, que vivimos al día, endeudándonos progresivamente más, debido a la inflación implacable, que solo beneficia a la camarilla bancaria y a los magnates multimillonarios, es exactamente lo que quieren.
Están diciendo que en veinte años ya no tendremos dinero en efectivo y, mira por dónde, en mi casa ya nos hemos adelantado al futuro.
La gran mayoría de los españoles, de recursos ajustados, somos personas honestas y trabajadoras que hemos depositado erróneamente nuestra confianza en un sistema manipulado, dirigido por psicópatas egocéntricos con la intención de enriquecerse, controlar los resortes de la sociedad, diciéndonos qué creer, qué comprar, a quién o a qué temer, sin reparos en detenernos, denunciarnos o destruir nuestro futuro.
Consideremos un poste perfectamente vertical. Este poste representa la verdad en equilibrio estable. No requiere energía para mantenerse porque la gravedad lo mantiene en su lugar. Ahora, si inclinamos el poste veinte grados, una enorme energía debe fluir hacia la base para evitar el colapso.
Puntales, soportes, ajustes constantes... La estructura se convierte en un proyecto, un esfuerzo continuo contra la fuerza de la gravedad. La Torre inclinada de Pisa ha requerido ocho siglos de intervención de ingeniería para evitar su colapso: contrapesos, extracción de tierra, anclajes de cables, refuerzo estructural.
Una desviación parcial de la verticalidad exige un mantenimiento constante, y así es como debería funcionar la falsedad, como una desviación de la verdad que requiere apoyo continuo. La realidad se reafirma en cuanto flaquea el apoyo.
Sin dejar de considerar que el rumbo está claro y, si no salimos de este capullo, moriremos sin tan siquiera haber emprendido el vuelo (eso le dice un gusano a su compañero, a punto de transformarse en crisálida), me pregunto cómo describirán este período y a este personaje los libros de historia del futuro.
Saludos cordiales.
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