La geometría del poder y el olvido de lo común
El apego al poder es capaz de instalarse en la zona menos noble de la dignidad humana y normalizarse. Cualquier desarrollo amoral e ignominioso para conservarlo se convierte en la desfachatez más soberana sin ruborizarse: véase la norma de repartir los impuestos entre las comunidades autónomas: la ordinalidad. Por más que se quiera razonar la manera de negociar con dinero público la cuadratura de círculo, este seguirá siendo redondo; mientras tanto, la presentación y aprobación de los Presupuestos Generales son cuadrados e ignorados, dejando ciega la economía de un país ("en el país de los ciegos el tuerto es el rey"). La geometría natural como regla que funciona, sin la intervención del ser humano, en el universo podría ser la referencia para una "masterclass" dirigida nuestros gobernantes endiosados.
Esta ordinalidad no ha sentado bien para empezar el nuevo año. Es el último síntoma de una política que ha olvidado que la verdadera medida de la dignidad no se halla en la astucia para conservar el sillón, sino en la equidad para gestionar lo común. Al final, ninguna clase maestra podrá corregir el rumbo si quien sostiene el compás ha perdido el norte de la solidaridad.
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