Las conversaciones que habitan la cabeza de alguien entre los 25 y los 30 años
La dificultad del mercado. El inmobiliario y el del amor. Ambos.
Porque buscamos desde la desesperación y la necesidad. Desde el miedo y el agravio comparativo.
Son años en los que, según con quién te midas, descubres tu suerte o confirmas tu desgracia.
Gente que sigue estudiando una carrera.
Gente que ya se ha comprado un piso.
Gente que tiene un hijo.
Gente que corre maratones.
Gente que viaja por medio mundo.
Queremos dinero para todo. Queremos tiempo para todo.
Y nos ahogamos en las prisas de una vida que no sabemos si realmente deseamos, pero con la que nos han hecho soñar.
Todo esto ocurre mientras el mundo exterior amenaza con estallar por los aires, y el mundo interior ya lo ha hecho.
Ese "yo" que conocíamos se rompe, y de pronto ya no sabemos quiénes somos.
Ya no eres el que se porta bien o mal en el colegio, ni el que tu madre describe como "responsable".
El bien y el mal adquieren otro significado cuando las decisiones son solo tuyas y no hay nadie externo a quien culpar.
Y entonces descubres que vivir en la feliz ignorancia ya no es una opción.
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