Con el estómago vacío vienen los desvaríos
Nos resulta difícil entender cómo personas de nivel social vulnerable y jóvenes puedan votar a partidos conservadores y ultras, cuando en sus programas no tienen medidas que favorezcan su estatus, tanto en lo ideológico como en lo económico. Opiniones hay: una falta de cultura política, el ocultamiento desde la Transición de la verdadera cara del franquismo y otras que "con el estómago vacío vienen los desvaríos".
Las medidas sociales del Gobierno de coalición han conseguido hitos importantes: el salario mínimo ha subido en torno a un 60%, que afecta directamente a mujeres y jóvenes con sueldos más precarios. Las pensiones medias en los últimos cinco años aumentaron un 27%, aparte las mínimas y no contributivas, con un porcentaje muy superior.
Pero existe una contrapartida muy negativa: los precios no han estado quietos. Los productos de consumo diario para la cesta de la compra, por razones diversas, se han comido las mejoras, con mayor repercusión en las rentas bajas. Incrementos de los huevos (30%), la carne (18%), el pescado (9%), la fruta (8%) o el aceite, que alcanzó un 80%, convirtieron los productos de primera necesidad en artículos de lujo para los poco más de mil euros que perciben el 50% de pensionistas y dos millones de asalariadas. Una tragedia.
Las propuestas desde la izquierda para controlar una cesta de precios básica no han salido adelante por el rechazo de los distribuidores y "el consejo" de expertos económicos, más preocupados por los beneficios empresariales que el bienestar en los hogares. Por eso, pasearse por una lineal de un súper es llorar de impotencia.
Si a ello añadimos los costes de la energía, porque los bonos sociales no llegan a la mayoría y el por precio prohibitivo de los alquileres para la juventud y las familias que siempre han sido vulnerables, tenemos un porcentaje importante de población que no ve la salida del túnel y les deslumbra el populismo con las promesas sin responsabilidad ni garantía de que se cumplan, si llegan a gobernar.
No se trata de ahora que se ven las encuestas en contra sacar la chequera, pero hay que hacer una autocrítica por no atender lo suficiente a determinadas capas de la sociedad que no juegan a la Bolsa, no tienen salarios de ejecutivos o carecen de herencias para vivir sin dar golpe. Estos no necesitan un Gobierno progresista.
Sabemos que esta oposición desnortada, nada solidaria ni constructiva se ha dedicado a poner palos en las ruedas desde el primer momento, algo irremediable viendo el perfil de sus dirigentes. Pero todos esos ciudadanos/as condenados a la ayuda social para sobrevivir se merecen más atención para que la derecha ultra no utilice sus votos.
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