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Julián, el bailarín llorón

15 de Enero del 2026 - Fernando Vijande Fernández (Castropol)

Julián era el hombre más desgraciado de la Península Ibérica. Desde que su madre, después de roxar el horno de leña y en plena soledad de la noche, ayudada por la partera Elvira de la Platieira, lo alumbró llorando, hasta que se fue a cumplir el servicio militar en África, no cesó de llorar. Las lágrimas, mudando la cerradura, entraron de okupas en sus ojos y no hubo resolución judicial de desahucio que secara aquellos párpados enrojecidos.

Por las mañanas, al despertarse, después de estar llorando toda la noche, las legañas, como si fueran una cárcel con barrotes, le impedían la visión, y tenía su madre que lavarle los ojos con una solución de agua hervida con manzanilla, de la que crecía en el huerto junto a las tomateras y recogida en la noche de San Juan.

A Julián, aparte de llorar, le gustaba bailar y aprendió a moverse, bajo el cobertizo techado con placas de uralita donde se guardaban las fabas secas de la cosecha, con un ritmo de bachata, de tango arrastrado, de cha cha cha o de merengue apambichao según el momento del día.

Julián, de tanto llorar y bailar, perdía peso constantemente, y para compensarlo ingería grandes cantidades de agua de Litines traída de la fuente salada que manaba en el cerro del monte Agudelo, aunque el exceso de líquido le provocaba retortijones en el bajo vientre al atardecer.

A Julián lo contrataron para llorar en los entierros y encabezaba a las plañideras en los cortejos fúnebres con gran satisfacción de los familiares del muerto y asombro y recogimiento de sus convecinos.

Al volver de los entierros, los familiares del finado recogían en un lacrimatorio de vidrio las lágrimas benditas de Julián y las guardaban como oro en paño encima de una peana, y posteriormente acudían a ella, llenaban un frasco y las utilizaban para dar masajes en la barriga de una parturienta cuando se le atascaba el feto al salir.

Julián hizo la mili en Sidi Ifni y, nada más llegar, con el viento siroco del desierto, se le secaron las lágrimas, a pesar de las nieblas húmedas del anochecer. Pudo por fin dormir toda la noche sin riesgo de inundación y a resguardo de una dana. Por la mañana, sin lágrimas en los ojos, tuvo la oportunidad de contemplar el bello paisaje desértico, sin sentir los ojos vidriosos, y disfrutar, contrayendo la pupila por la luz rojiza del sol, de la postal idílica al amanecer.

Los mosquitos, incapaces de colonizar las secas órbitas oculares de Julián, hicieron una huelga de alas caídas y desistieron de su acción irritante, con lo cual este, en las prácticas de tiro en el cuartel, pudo agudizar la vista, mejorar la puntería y disparar sin un solo fallo el fusil de cerrojo Mauser (Coruña), con gran admiración del sargento mayor, que lo propuso para formar parte de la 1ª Bandera Paracaidista Roger de Flor.

Tanta puntería acumulaba de día en las prácticas con el fusil que dormía de noche disparando en sueños a las polillas que revoloteaban en zigzag en la oscuridad y, a semejanza de las lechuzas, ululaba cada vez que la polilla aterrizaba de emergencia con daños irreparables en las alas.

A Julián se le secaron los ojos a perpetuidad y se durmió para siempre por una neumonía que contrajo bailando una noche de lluvia intermitente horizontal al imitar a Gene Kelly en la película: "Cantando bajo la lluvia", y las únicas que lloraron su muerte fueron las flores anegadas de las manzanillas en el huerto de las tomateras.

Julián, antes de morir, lanzó una máxima lapidaria que ordenó que figurase en su epitafio:

¡Tanto bailar y llorar en esta vida para acabar como un esqueleto con los ojos chupados y resecos como un higo paso cubierto de tierra!

Julián subió al cielo el día de los muertos y se encontró con la Llorona y le cantó esta canción:

-Salías de un templo un día, Llorona, cuando al pasar yo te vi.

-Hermoso huipil llevabas, Llorona, que la Virgen te creí.

-Dos besos llevo en el alma, Llorona, que no se apartan de mí.

-El último de mi madre, Llorona, y el primero que te di.

¡En mi pueblo había gente muy rara!

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