SMI, truco o trato
Terminado el monótono y cansino relato anual sobre la subida de las pensiones, entramos en la controvertida fase del salario mínimo interprofesional.
Una vez leída la propuesta de un incremento de 37 euros mensuales en catorce pagas, quiero hacer, a título personal, las siguientes consideraciones.
Bienvenida sea el mismo para los, según los datos oficiosos, 2,5 millones de trabajadores afectados, aunque:
Las cotizaciones a la SS.SS. incluyendo (contingencias comunes, desempleo y formación profesional), son de un 6,35 % por parte del trabajador, lo que implica que de la subida neta hay que descontar 2,3495 mensuales.
Por parte del Empleador supone un coste de aproximadamente el 35 %, incluyendo (contingencias comunes, contingencias profesionales, desempleo, formación profesional, FOGASA y mecanismo de equidad intergeneracional), lo que supone para el mismo un coste por la subida de 12,95 mensuales.
Para conocer cuánto dinero recibe la SS.SS. de este trato, basta con realizar una sencilla operación matemática, multiplicando la suma de ambos conceptos por catorce meses y por 2,5 millones de beneficiarios, lo que da la escalofriante cifra, en números redondos de 500 millones de euros para las arcas del Estado.
No termina el argumento presupuestario en este punto, pues esos incrementos tanto del salario del trabajador como de la cotización a la SS.SS. del Empleador, aumentan los costes, tanto de las materias primas como de producción, lo que incide en la subida de los precios.
Aquí vuelve a incidir en los ingresos del Estado por medio del IVA.
Profundizando un poco más, hay que tener en cuenta que dentro de la plantilla de una Empresa existen diferentes categorías profesionales, basadas en la capacitación, cualificación, formación, etc., que conllevan escalonadamente salarios proporcionales y por ende distintos grupos de cotización.
Aunque en el fondo se busca incrementar la competitividad, tales diferencias salariales también tienen que servir de estímulo para que el personal vaya subiendo en el escalafón.
Resulta obvio que para mantener tales parámetros, la subida del SMI, entiendo que afectando al escalón más bajo de la plantilla, también debe de aplicarse al resto de trabajadores.
Resumiendo, se vuelven a incrementar los costes laborales, lo que conlleva incremento de precios. Artículos más caros para el consumidor y mayores ingresos por cotizaciones e IVA para el Estado.
Al final, mientras las arcas del Estado se van engordando, los ciudadanos de a pie, incluidos los afectados por el incremento del SMI, lo vamos pagando y poco a poco, aquella clase media de la que presumía nuestro País, se va convirtiendo en "clase mediocre".
Al respecto, mientras escribo estas líneas, me viene a la memoria un caso que me quedó grabado, hasta el punto de que, transcurridos más de cincuenta años, aún recuerdo el nombre y primer apellido del trabajador.
"C.L." llevaba varios meses trabajando con la categoría de peón, cuando le propusimos pasar a manejar una sencilla máquina y pasar a la siguiente categoría como peón especialista.
Su respuesta fue tajante, "por esa diferencia de dinero prefiero seguir barriendo".
Acto seguido, me correspondió a mí el comunicarle la escisión de su contrato, necesitábamos profesionales.
Eran otros tiempos, principios de los setenta del siglo pasado y no tuvieron que pasar muchos meses para su incorporación en Hunosa.
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