Día 3 de enero para recordar
El pasado 3 de enero empezó para mí como un día pésimo. Me llamo Dulce y soy diabética.
Un bajón de azúcar, un aviso y aquí estaban mis salvadores, que corrían calle abajo para poder atenderme: el doctor Jorge Fernández Iglesias y su compañera del centro de salud de Pumarín. Pinchazos y muchos cuidados. Pacientes, humanos, cariñosos y más profesionales. Una vez estabilizada, al HUCA en ambulancia. El chico que me acompañó en ella, joven, sí, pero humano, no me dejó sola ni un momento.
Ya en el HUCA, todos los que estaban allí esa tarde me dieron el mismo trato.
Quiero agradecer desde este periódico a todos ellos el trato recibido. ¡Con qué paciencia me preguntaron, me achucharon y me ayudaron desde el primer minuto hasta el último!
Vaya profesión tenéis, tan jóvenes y tan profesionales.
Nombrar a la doctora Ana Fraile y a Aarón Moracho, dando también tantas gracias que no tendría papel para ello.
Os envío un saludo a todos con todo el respeto que os merecéis.
Mi doctora Beatriz y su enfermera me ayudan a seguir el camino correcto para una pronta mejoría.
Muchas gracias a todos, creo que volví a nacer.
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