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Cuatro siglos de cofradía encuentran su reflejo

10 de Febrero del 2026 - Enrique Álvarez Areces (Madrid)

Hay legados silenciosos que tardan cuatro siglos en florecer bajo la luz pública. La Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Oviedo, con más de cuatro siglos de devoción a sus espaldas, ha iniciado una nueva etapa con la toma de posesión de Paloma de la Cal Álvarez como Hermana Mayor. Más que un cambio de paradigma, la llegada de una mujer al frente de la cofradía representa la culminación lógica de un compromiso femenino que lleva décadas custodiando la institución.

Para entender dónde está la hermandad hoy, es imperativo mirar atrás, concretamente a mediados de los años 90. En aquel 1995, cuando la cofradía buscaba recuperar su pulso en el corazón del Oviedo antiguo, la calle Mon se convirtió en el centro neurálgico de una resistencia silenciosa. La red de apoyo que surgió entre mostradores históricos como Ronderos, La Victoria o Aladino ha sobrevivido a los propios negocios. De aquel tejido comercial ya no queda nada; el último testigo fue el ultramarinos Sabiniano, cuya persiana bajó definitivamente tras dejarnos Fina hace pocos meses. Con ella se fue la última de una estirpe de comerciantes que entendieron la cofradía como una extensión de su propia familia.

La honestidad obliga a afirmar que el renacimiento de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Oviedo carecería de sentido sin la determinación de aquellas mujeres que, desde el primer latido de esta etapa de recuperación, se convirtieron en el cimiento sobre el que todo se construyó. Lejos de ocupar un papel secundario, ellas fueron las custodias de nuestra supervivencia y el apoyo necesario que puso en marcha la hermandad cuando el camino era más incierto.

Resulta imposible evocar este renacer sin destacar, en primer lugar, el legado de Argentina. Su trabajo, definido por una constancia silenciosa y humilde, fue el que dio forma a las túnicas que hoy visten los hermanos; sus manos no solo cosieron tela, sino que tejieron, con la discreción de quien no busca el reconocimiento, la identidad misma de nuestra cofradía. Del mismo modo, la memoria nos conduce inevitablemente a Fina, quien desde el mostrador del ultramarinos Sabiniano siempre estaba dispuesta a ayudar en todo aquello que se le pedía para la cofradía, con la misma generosidad y cercanía con la que atendía a cada persona que pasaba por su tienda, Fina personificó la caridad nazarena.

La continuidad de nuestra tradición debe mucho a su gestión interna. En ese ámbito, Adela ha desempeñado un importante papel, aportando ese equilibrio que es fundamental para que una institución centenaria no solo sobreviva, sino que se fortalezca en tiempos de transición. Mantener viva nuestra historia ha sido otra de las grandes tareas de estos años. Otra mujer, Emilia Areces, en la revista "Nazareno", de la que fui director durante más de una década, fue la guardiana de ese legado con su entrega. Gracias a su constancia en nuestras páginas, sus escritos se han quedado guardados en el papel y en el corazón de la hermandad. Por eso, quiero dar las gracias también a los directores que cogieron el testigo y han seguido con esta labor tan necesaria de comunicación, esperando que la nueva junta de gobierno apueste por fortalecer esta publicación, tan vital para seguir uniéndonos.

No podemos olvidar a Ana y a Toñi, como piezas de este mosaico de mujeres comprometidas, cuya aportación fue constante desde los comienzos de esta etapa moderna, en aquellos primeros años de recuperación que todos vivíamos con gran ilusión. Ellas representan ese trabajo anónimo y necesario de una recuperación que ya supera los treinta años de una tradición que se remonta a épocas anteriores a 1622.

El nombramiento de Paloma de la Cal como Hermana Mayor no debe leerse, por tanto, como un hecho aislado o una simple alternancia en el cargo; es el acto definitivo para una estirpe de mujeres que, desde el hilo de una túnica, el mostrador de un negocio, la palabra en los textos o el rigor de un acta, mantuvieron encendida la llama del Nazareno. Paloma asume hoy esa responsabilidad no solo con su propia determinación, sino con la fuerza de todas aquellas que la precedieron, muchas veces desde la sombra. Bajo su mandato, la cofradía camina al ritmo de nuestro presente, honrando un legado de más de cuatro siglos que hoy encuentra su reflejo más fiel en una mujer al frente de nuestra institución. A ella y a los miembros de su nueva junta de gobierno, les deseamos lo mejor.

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