¿Y tú me lo preguntas?
La situación no tiene nada de poética, pero me vienen a la mente aquellos versos de Gustavo Adolfo Becquer: "¿Qué es poesía?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? Poesía... eres tú". Tal elucubración mental me la provoca Donald Trump y su deriva política, que parece arrastrar al paladín de la democracia liberal, los EE UU, hacia el fascismo. Y ello no viene suscitado por la pupila azul del interesado.
Del fascismo, ideología que hoy viene usada como arma de descalificación de cualquier adversario político, aunque la mayoría de quienes lo utilizan no conozcan lo básico del término, sabemos que nace en el periodo de entreguerras de la mano de Benito Mussolini, como respuesta a lo que él consideraba falta de soluciones del socialismo o la democracia liberal ante los problemas de la época.
El fascismo se caracteriza, entre otros detalles, por el nacionalismo, totalitarismo, propaganda, uniformes y banderas, militarismo, supremacismo e imperio de la acción sobre el pensamiento. Y si estudiamos el enfoque que Trump le da a estos elementos quizás nos llevemos una sorpresa. Bastante desagradable, por cierto.
El nacionalismo impregna todo el movimiento MAGA (Make America Great Again) y, si ya en su simple enunciado parece suficientemente claro, las actuales acciones en "su" hemisferio no hacen más que refrendarlo. El totalitarismo lo expresa con su control, por medio de nombramientos afines, del resto de poderes y agencias del Estado. Su propaganda cabalga de la mano de los magnates propietarios de redes sociales y diarios, de lo que Bezos, y su silencio ante el atropello al "Washington Post", es el mejor ejemplo; quedando la CNN como expresión de la excepción hoy en los EE UU. La bandera siempre ha estado ahí, pero Trump, falto de camisas pardas o negras, ha desarrollado el ICE, Immigration and Customs Enforcement Agency, con su aspecto amenazador a base de armamento, capuchas y maltrato al ciudadano, como se observa en Minneapolis. Empleo de las FAS, que no militarismo, como herramienta de acción directa para su acción exterior. Supremacismo que sienten especialmente aquellos que no responden al paradigma del blanco anglosajón. Todo un conjunto de acciones rematadas por un culto a la personalidad, desarrollado por él mismo, que recuerda al de los césares romanos.
Tenemos por delante diez meses de infarto hasta las elecciones de medio término, en las que se jugarán un buen número de escaños en el Congreso y en el Senado que podrían dejar a Trump sin mayoría legislativa y frenar algunas de sus iniciativas. En caso contrario, en los dos años restantes, podría llevarnos hacia el fin de la Historia, pero no en el sentido en el que Francis Fukuyama pronosticaba. Fascismo eres tú, Donald.
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