Resonancias en el accidente ferroviario de Adamuz
Siendo niño, iba paseando con mi padre por la calle cercana a las vías del ferrocarril de Langreo en Gijón, cuando vi a unos trabajadores con enormes barras de hierro que hacían palanca para levantar un poco una traviesa, mientras que otros, con pico y pala, metían piedra debajo; luego los de las barras compactaban las piedras con las barras como lanzas alrededor de la traviesa sometiéndolas. «¿Qué hacen, papá?», pregunté; «Levantar las traviesas para meter piedra debajo porque la vía se hunde en ese punto ocasionando un bache». Al oír en las noticias que los maquinistas comentaban que había baches, lo recordé y me surgió una hipótesis de lo qué podría haber pasado. Antes de contarles la suposición debo decirles que realizada una somera indagación, llegué a la conclusión de que en España hay disponible suficientes bateadoras en línea y otras maquinaria pesada complementarias como para revisar anualmente los 4000 km. de vía de alta velocidad, cumpliéndose así los protocolos necesarios para que no ocurra mi hipótesis. Sin embargo, cuando no se encuentra una explicación a una situación compleja, la respuesta más simple puede ser el caos que ocasionaría la energía acumulada de un entrar en resonancia frecuencias.
Cuando los maquinistas hablan de baches, supongo que el balasto se ha compactado bajo traviesas y que ya las traviesas apenas se apoyan en él. Entonces esas traviesas sufren tracción hacia arriba por los raíles apoyados en zonas más firmes y, al paso de los bogies los raíles se hunden y oscilan al secuenciarse con el vano entre bogies. Mi hipótesis es que: toda estructura capaz de oscilar (tramo del bache) tiene una frecuencia propia, y si entra en resonancia con la provocada al paso del tren (según su velocidad). Entonces la energía se va acumulando en la oscilación de los raíles hasta que el último vagón puede dar saltos capaces de hacerlo descarrilar. Si a la par impacta contra él otro tren de alta velocidad, la energía y la cantidad de movimiento que se descargan son capaces de lanzar una gran masa a gran distancia o destrozar la escena de la catástrofe. Pero, aunque el caos de esa resonancia fuera la causa inicial, se debe investigar y reconstruir los detalles de los efectos para saber qué otros elementos se confabularon en el desastre, como podría haber sido la frecuencia de los sistemas de amortiguación de los vagones acoplándose a la frecuencia oscilatoria de los raíles. Lo dicho: la respuesta más simple a una situación compleja es el caos de una resonancia.
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