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R.E.N.F.E.: ¿vuelve el acrónimo?

26 de Enero del 2026 - Ángel Arasanz Ascaso (Gijón)

De niños no éramos conscientes de que los acrónimos que escuchábamos de las grandes compañías llevaban implícita una crítica mordaz.

En el caso de Renfe, "Robamos, Estafamos, Nunca, Fallamos, Españoles", el descontento por aquel entonces era generalizado: trenes viejos, ruidosos, incómodos, caros y con retrasos habituales.

Toda esta visión cambió con la llegada del primer AVE a Sevilla, los proyectos y la tecnología ferroviaria española lograrían después abrirse un hueco en las grandes redes de alta velocidad internacional.

Y muy orgullosos que estábamos hasta hace una semana.

El primer señuelo para indicarnos por donde iría este viaje fue cuando nos enteramos de que el ministro de la cosa, Ábalos, colocó a Koldo, profesional con formación acreditada y experiencia en control de horarios y entradas y salidas, y a sus dos amigas en Renfe y Adif.

Con la noticia caliente del gravísimo accidente de Adamuz, continúa la indecencia cuando la madre de una accidentada fue a avisar de lo ocurrido a la estación de Huelva y en una primera entrevista en televisión sentencia: "Lo que me resultó bastante fuerte es que nos dejaron aquí, cerraron las oficinas y se marcharon". Un espectáculo de humanidad al que ya estamos empezando a acostumbrarnos.

Los audios de la central en Atocha echan más leña al fuego, tan absurdos como despreciables. La interventora sangra por la cabeza, pero el telefonista radioaficionado le insiste en que vaya a buscar al maquinista porque este último no contesta. No sabe, no tiene medios ni ganas, donde están los trenes y sigue el absurdo protocolo. Quiere hablar con el maquinista, aunque, lamentablemente, ya haya fallecido.

En pleno siglo XXI Adif o de quien dependa el galimatías ferroviario de empresas subcontratadas solo tiene control e información por Radio Macuto.

El centro de mando nos demostró que no había nadie al mando. Otra dana más al libre albedrío.

Mario Samper fue el primer pasajero del Alvia accidentado en pedir ayuda, se fue andando por la noche por un camino hasta que se encontró a un guardia civil que asistía al Iryo.

Afirma -él estaba allí- que tardaron cincuenta minutos en llegar las asistencias. Nadie sabía nada del Alvia accidentado.

Salta hoy la noticia de que una familia de tres miembros viajaba sin billete. El padre, desgraciadamente, ha fallecido en el accidente, era trabajador de Renfe.

Los controles para acceder a los trenes son tan generosos como los descuentos para trabajadores y familiares de estas compañías públicas.

Me encuentro en el fútbol a un amigo maquinista. Me confirma lo sabido: "Avisamos, notificamos deficiencias, pero nadie nos hace caso".

Viajo por trabajo cada quince días en esos trenes otrora veloces desde hace dieciocho años y mi preocupación consistía en aprovechar el tiempo y darme un paseo hasta la cafetería, pero ahora, como la mayoría, tengo miedo.

Vuelvo a la infancia y me acuerdo del acrónimo y tengo miedo, mucho miedo, "por mí y por todos mis compañeros".

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