Julio y su letra en el pecho
Hay quien ya atribuye a Julio Iglesias una letra A escarlata estampada en su pecho. El estigma social irreparable como consecuencia de la denuncia de dos trabajadoras que lo fueron suyas, pese a su archivo por parte de la Audiencia Nacional. Ese sector que califica el supuesto acoso de cacería. Todos los episodios de la vida tienen su interpretación, por encima de todo desde la mirada de cada cual que observa. Así que para unos predomina la gloria interpretativa de Julio, su siembra de la marca España por donde quiera que haya ido, su proclamación universal de haber amado a la vida y al amor. Qué tiempos aquellos en los que Julio presumía de ser un buen competidor del maestro Dominguín. Casi mejor olvidarnos de un revisionismo de la historia. Pero los tiempos han cambiado, gracias a Dios. A mí me habría gustado que Julio hubiese aceptado la denuncia, seguro de su inocencia. Claro que la no competencia del tribunal, el aforamiento, la prescripción de los hechos son argucias judiciales a las que empezamos a estar demasiado acostumbrados. Muy posiblemente se librará del paseíllo ante el juzgado, pero ha sido solo él y su actitud quienes le han marcado la letra en el pecho para siempre. No es mero puritanismo. Es cuestión de justicia.
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