La situación es perfectamente sostenible
Es muy doloroso. Como una sarcoma que va pudriéndote sin remedio. Me refiero al ejercicio de la oposición en España, ya por más de siete años, y de los once millones de votos que la sostienen. Una cansina reiteración de frases hechas recurrentes. Muchos barcos de embustes para desmontar el discurso de gobernanza y apoyar una confrontación apoyada en el cuanto peor, mejor. Un intento de ofrecer una imagen de la que se carece. Una intención de visibilizar lo malo del rival a falta de resultados propios. Un esfuerzo baldío porque a la eficiente acción de gobierno en general se le enfrenta un vacío de programa, de intenciones, de estrategia...; un vacío integral. Sánchez es un narcisista; así lo creo. Le cuesta trabajar en equipo, aunque el ejercicio de su gobierno haya de ser a base de acuerdos con los demás. Contribuye a mitad en la parte que le toca en la situación de fango en que se ha transformado el debate parlamentario. Sin embargo, habremos de reconocerle algunos méritos. Hoy mismo hemos bajado el desempleo por debajo del 10%. Aunque nuestros jóvenes lo sufran en el 23%. Lo hace gracias al incremento de la mano de obra, especialmente inmigrante, así como a la productividad, nuestro gran caballo de batalla, según datos del FMI. Hoy disponemos de una población activa por encima de 25 millones, que aún inyecta esperanzas en la población jubilada, que ha incrementado su pensión como nunca jamás. Algo, por cierto, a vigilar. Ha incrementado el salario mínimo, lo que habría de impulsar a las empresas a revitalizar los suyos. Ha diseñado una política de crecimiento a la cabeza de Europa. Y no nos engañemos, por favor. Que alguien me explique cómo el crecimiento empeora el nivel de vida de las familias. El desarrollo es creciente en distintos sectores, como en política energética, pese a que el apagón pone de manifiesto lo que aún queda por apuntalar. Se es sensible con política social a los más desfavorecidos. Ahí está el ala de la renta mínima. También a las catástrofes, aunque los embustes aminoren la imagen del esfuerzo en solidaridad. Su liderazgo en muchos ámbitos de la política internacional, como en Palestina o Ucrania, frente a tiranos en Israel o EE. UU. España aún tiene recorrido. Ya lo creo. Y ello pese al esfuerzo contracentrífugo de la oposición, que hasta en Europa pretende sacarnos vergüenzas, como lo ha sido en la ley de reforma de la PAC. España sufre en su propio contexto y en el contexto internacional, pero avanzamos, pese al arrastre del PP, que santo Dios cuánto cuesta. Pese al cuanto peor, mejor, de Casado y de Feijóo. Pese a los embustes de Tellado, Cuca Gamarra e, incluso, Borja Semper. Es tremendamente curioso que el partido que se autoproclama de España sea el que frene en mayor medida nuestro desarrollo. Una rémora considerable. Un lastre del que hay que tirar. Debe de ser que en España somos así. Incapaces de tirar del mismo lado de la cuerda para que lo que es de todos crezca y se desarrolle en este marco de libertad y de diversidad que nos hemos dado.
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