Declaración de Derechos Humanos
Tras la Segunda Guerra Mundial y con el fin de librarse del totalitarismo, el nazismo y el fascismo, los países del mundo consideraron oportuno redactar y aprobar una Declaración Universal de los Derechos Humanos. Sería un 10 de diciembre de 1948 cuando esta declaración viera la luz y fuera avalada por 48 Estados de distinta condición política, sentimiento religioso y cultural.
La redacción contempla 30 artículos, de los que, a día de hoy, pocos tienen vigencia en la práctica política de la mayoría de países que los firmaron.
A propósito de manifestaciones de determinados partidos políticos, tal pareciera que aquellas declaraciones son papel mojado. Convendría recordar algunos de ellos y que fueran fruto de un debate público y sosegado para que la ciudadanía los tuviera en consideración.
La intransigencia de las sociedades de hoy convierte en "inadmisibles" comportamientos que difieren con los nuestros, sea por el color de su piel, su forma de vestir, sus costumbres, hábitos o creencias religiosas. Estas actitudes confrontan con la base de esos 30 artículos firmados que se aprobaron como forma de convivencia, respeto y tolerancia.
Permítaseme referenciar alguno de ellos y que en boca de algunos representantes institucionales no solo cuestionan, sino que contradicen y alimentan hasta el punto de confrontar en vez de coexistir, con respeto y armonía, pese a las diferencias que las partes pudiéramos tener en cualquiera de los órdenes.
El artículo 13 recoge: " Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado; a salir de cualquier país, incluso el propio y a regresar a su país".
La "caza" al emigrante llevada a cabo con la política de Trump y el impulso a una nueva política migratoria, de la que homólogos en nuestro país pretenden aplicar, rompe con este principio. Somos ciudadanos del mundo.
El artículo 22 sostiene: "Toda persona tiene derecho a la seguridad social y a obtener la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales indispensables a su dignidad". Suena a utopía.
El artículo 25 no es menor: "Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios".
La pobreza, la diferencia salarial entre hombres y mujeres, las deficiencias en tantos servicios básicos como la salud, la educación, la vivienda, etc., contravienen el espíritu de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que entonces firmaron y que hipócritamente volverían a firmar, sea ello porque el papel todo lo aguanta.
El egoísmo y la sociedad consumista que estamos construyendo nos hacen cada vez más individualistas y menos tolerantes.
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