No necesitamos hombres, falsa independencia
"No necesitamos a los hombres para nada". Suena firme, moderno, emancipado... hasta que uno mira alrededor: el suelo que pisas, la casa donde vives, el coche, el metro, el tren, los aviones, los viaductos, la energía que consumes, los ascensores... todo eso no surgió por arte de magia. Lo construyeron hombres. Muchos hombres. Durante siglos. Y, sin embargo, hay quienes se permiten ignorarlo, como si la historia y el esfuerzo de generaciones fueran invisibles.
Decir que no se necesita a los hombres mientras se disfruta de todo eso no es emancipación. Es ignorancia con aire de superioridad. Negar su importancia mientras se goza de su trabajo no es independencia: es incoherencia, okupación y el chiste más largo de la historia. Porque la verdadera independencia no consiste en gritar consignas vacías, sino en abrir los ojos y reconocer la realidad, aunque duela.
La verdadera libertad empieza por reconocer la historia que te sostiene. Gritar que no se necesita a los hombres mientras se vive gracias a ellos es... irónicamente, la broma más seria jamás contada. Una broma que se prolonga siglos, mientras se olvida quién construyó las casas, levantó los puentes, encendió la luz y puso ruedas bajo nuestros pies.
Toda esa mentira está alimentada por un feminismo tóxico, de confrontación, que divide la sociedad entre "buenos" y "malos", generando pingües beneficios en cargos y chiringuitos para quienes aceptan ser las "tontas útiles" que sostienen este Gobierno sanchista. Un feminismo que confunde independencia con arrogancia, libertad con olvido, y que ignora que la historia no se reescribe con gritos, sino con reconocimiento, coherencia y respeto por quienes hicieron posible el mundo en el que vivimos.
Los hombres conquistaron y defendieron tierras; salieron del confort de las cuevas, explotaron minerales, construyeron túneles, viaductos, puertos y aeropuertos. Levantaron industrias que fueron la base del progreso, impulsaron la mecanización, desarrollaron la comunicación y alcanzaron tecnologías tan avanzadas que parecen surgir de la nada. Gracias... por tanto osado desprecio.
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