Islaima
Año 2006
Cuando el avión (tayira) de la compañía Air Argelia aterrizó en Ranón, Islaima, con 6 años, sintió que el asiento se movía, un estruendo brusco lo impresionó, y alguno de sus compañeros de viaje se puso a llorar y a gritar.
Llevaban dos días fuera de casa desde que salieran de la tienda de campaña de los campamentos de refugiados de Tinduf, en el Sáhara. Un día entero en camiones atravesando el desierto hasta llegar a Argel, donde estuvieron otro día entero en barracones esperando para embarcar.
Islaima era el segundo de los hermanos, y su madre estaba embarazada del tercero; esperaba conocer a su hermano o hermana cuando regresara a los campamentos.
La primera impresión que recuerda al mirar por la ventanilla del avión era un paisaje verde, un verde que apenas nunca había visto, un verde como el de las palmeras del oasis al que lo llevó su padre un día, juntamente con las cabras, para saciar la sed.
En el aeropuerto se encontró con una familia de acogida que le habían asignado y tuvo suerte, pues tenían un hijo de su misma edad y una hija un poco mayor.
Los dos meses que pasó en Asturias nunca los podrá olvidar.
Aparte de los amigos que hizo, pudo conocer el mar, bañarse en la playa de Penarronda y disfrutar de la abundancia de ropa y comida, pues, cuando llegó, venía en sandalias y llevaba puesto un darrah (túnica).
Año 2026
El tiempo había corrido deprisa, ya tenía 26 años, y su vida también.
Salió con 18 años de los campamentos, pues no tenían apenas nada para comer, hacia Mauritania.
Estuvo una temporada trabajando, junto con un amigo que tenía un camión, de transportista llevando mercancías de Mauritania a Marruecos, malviviendo y con ganas de volver a España, pues lo que recordaba de niño era un paraíso.
Él no le tenía miedo al trabajo: era fuerte y podía con todo.
Consiguió un pasaje en una patera y, como ya sabía nadar, al llegar cerca de la costa de Algeciras se tiró al agua y alcanzó la orilla.
Vivió de trabajos esporádicos y haciendo trampas para poder comer. Sustituyó a un compañero en Mallorca, en un hotel, cuando este estuvo de vacaciones; trabajó en Córdoba recolectando aceitunas, pero el día que llovía no se podía trabajar y tampoco cobraba.
No podía trabajar de forma legal en España, pues no tenía papeles; a veces se aprovechaban de él, aceptó condiciones que serían inaceptables para cualquier persona, aunque más de uno le dijo que él, él no era una persona.
Hoy en día, Islaima está pendiente de la respuesta a una solicitud de regularización de su situación en España.
El Gobierno de España contempla la regularización extraordinaria de migrantes, a la que podrán acogerse unos 500.000 extranjeros que hayan residido de manera continuada al menos cinco meses en España antes de solicitarla.
Dicha regularización no les permitirá ejercer el derecho a voto hasta que pasen cinco años y consigan la nacionalidad española.
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