¡Qué asco!
Madrugas cada día para ir a trabajar (si tienes trabajo), piensas cómo vas a pagar esos extras con los que no contabas, además del alquiler, la comida, la luz... mientras unos pocos, con sus actos, te dicen a la cara que ellos son más que tú porque tienen amigos bien situados o son familiares de tal o cual. Sí, la sangre que corre por sus venas es del mismo color que la nuestra y se mueren como nosotros, si bien viven de forma diferente, aparentando, mirando por encima del hombro al resto de los mortales.
¡Qué asco! Ese es el sentimiento que me aborda cada día cuando veo a algunos sinvergüenzas (sin presunción de inocencia) robando a manos llenas y ocupando puestos públicos o en consejos de administración o cobrando prebendas a cambio de favores de dudosa legalidad, cuando menos. Seres humanos cuyo único esfuerzo en la vida ha sido arrimarse a unos y a otros para vivir del cuento toda su vida. Mientras tanto, el resto de los mortales tenemos que echar imaginación para afrontar los retos de la vida e intentar conseguir un salario gracias únicamente a nuestro esfuerzo. Algunos hemos tenido la oportunidad de hacer lo que ellos hacen y hemos optado por ser fieles a nuestros principios, ¿hemos sido tontos, ingenuos? Es opinable.
Vivimos en una sociedad adormecida donde la gran mayoría se queja en silencio mientras espera que el de al lado dé la cara en su nombre. No existe la unión de la gente y, sin eso, estamos abocados al enfrentamiento social. Tiempo al tiempo.
Los jetas, cuyas fechorías (la parte más pequeña) conocemos a través de los medios de comunicación, siguen comportándose como el antiguo Senado romano: la élite ordena y el populacho acata. Nos obligan a cumplir normas que esa élite de ineptos incumplen reiteradamente.
¿Quién puede mantener hoy en día que todos somos iguales? Ese discurso ya no se lo cree ni la propia izquierda política con sindicatos silenciados que aún tienen el coraje de mantener que defienden a los trabajadores... ¿a qué trabajadores? ¿Alguien se sigue creyendo ese discurso? Pues sí, todavía hay quien se lo traga. ¡Con la que está cayendo y sin mover un dedo, calentitos en sus despachos!
El cuento no va de ser de derechas ni de izquierdas. Va de ser honrado o un sinvergüenza. Se trata de la "condición humana": quien nace corrupto actúa como tal tanto si su ideología es progresista como conservadora. Luego vienen las consecuencias de los actos de estos inútiles y nos llevamos las manos a la cabeza. El silencio nos conduce inexorablemente a elegir posicionamientos políticos extremistas como respuesta equivocada a nuestra frustración. Ya estamos pagando algunas consecuencias de esos extremismos y otras se otean en el horizonte. Yo, personalmente, abogo por defender la libertad y la honradez y poder mirar a la cara a la gente con la conciencia tranquila: ¿y tú?, ¿hacemos algo o seguimos esperando a que nos lo resuelvan?
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