Si la claridad incomoda, sirve a la Verdad
Durante estos días se han multiplicado artículos, comunicados y juicios contra el señor arzobispo de nuestra diócesis, Jesús Sanz Montes, a propósito de sus palabras sobre la inmigración. Se le ha tildado, con sorprendente ligereza, de insensible e incluso de racista, juicio totalmente alejado de la realidad social y pastoral del prelado franciscano.
Permítaseme, con modestia, ofrecer una reflexión personal. La doy porque no soy nadie y nadie me la ha pedido, precisamente por eso me siento libre para decirla.
Reducir un análisis prudencial sobre la capacidad real de acogida de una sociedad a una acusación moral resulta intelectualmente pobre e injusto. La tradición cristiana nunca ha identificado la caridad con la imprudencia ni la hospitalidad con la ausencia de límites. El mismo catecismo recuerda que las naciones pueden regular los flujos migratorios conforme al bien común. Acoger, sí; pero ordenar, también.
Lo que el Arzobispo ha hecho no es negar la dignidad de nadie. Ha señalado un hecho incómodo: que la realidad social es compleja y que recursos como el empleo, la vivienda, los servicios públicos... no son infinitos. Decir esto no es excluir, es asumir responsabilidad y exponer una incómoda realidad.
Conviene, además, sin criminalizar a nadie ni permitir generalizaciones morales, aceptar que existen tensiones reales de integración que exigen políticas serias, no sentimentalismo retórico.
Negar la existencia de estos desequilibrios por miedo a parecer duros no es compasión: es irresponsabilidad.
Por eso sorprende que a un pastor que habla con claridad, quizá con la franqueza directa del norte, sin eufemismos, se le responda con descalificaciones personales en lugar de argumentos. La Iglesia no necesita consignas ideológicas, necesita verdad, prudencia y caridad de manera unánime.
Muchos fieles agradecemos obispos que, aun sabiendo que pueden ser incomprendidos, prefieren la honestidad intelectual al aplauso fácil. El Evangelio no es ingenuidad política, y la defensa del bien común tampoco es xenofobia.
Expreso, por tanto, mi respeto y apoyo al ministerio episcopal de nuestro arzobispo, y pido que este debate se sostenga en razones y datos, no en etiquetas morales que empobrecen la convivencia.
Estoy seguro de que más de un centenar de fíeles firmarían junto a mí esta breve carta de apoyo a don Jesús, sostenida con datos y desde la Verdad, esa Verdad con mayúscula que es Cristo e incomoda, y por incómodo es verdadero.
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