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El eterno retorno de España

4 de Febrero del 2026 - Manuel García Busto (Trasona (Corvera))

Cuando Claudio Sánchez-Albornoz, insigne historiador, ministro durante la Segunda República y uno de sus presidentes en el exilio, bajaba del avión que lo traía de vuelta a España después de cuarenta años de expatriación, se paró en la escalerilla a decir unas palabras: "Al pisar España dije que vendría llorando y llorando estoy. No tengo más que una palabra: paz. Nos hemos matado ya demasiado. Entendámonos en un régimen de libertad, poniendo todos de nuestra parte lo que sea necesario de un lado y de otro de la barricada. Son muchos cuarenta años. No hay históricamente nada que resista al tiempo. Áspera vida la de los españoles. Tengamos de una vez por todas la mano en la mano del adversario de ayer para discutir, dialogar, en unas Cortes nuevas, la suerte de España. Y basta".

Resulta desmoralizador y produce profunda tristeza, el observar la historia de España y comprobar que no hemos aprendido nada. La guerra civil de 1936-1939 fue únicamente otra más de las contiendas civiles que ha sufrido nuestro país. Porque civiles fueron las guerras carlistas; porque tintes de guerra civil tuvo también la de la Independencia, luchada contra el invasor francés pero también reñida entre afrancesados y patriotas; porque, en fin, igualmente fratricida fue la de Sucesión, entre austracistas y borbónicos. Heridas son, todas ellas, que han dejado cicatrices en esta España cansada del "si no estás conmigo estás contra mí". Cansada de elegir bando.

La sucesión de hechos posteriores a la muerte del dictador en 1975 parecía que conducía, puede decirse que por primera vez en la historia de España, a la implantación de un sistema político basado en el consenso entre diferentes. La llamada Transición no fue perfecta, ni mucho menos, pero fue lo mejor que se pudo hacer. Se evitaron algunos errores del pasado, se cometieron otros. Quizás no ha sabido evolucionar como proyecto político poniendo sobre el tapete, a su debido tiempo, algunos asuntos.

Por todo ello, los españoles deberíamos saber, mejor que muchos otros, que la crispación y el enfrentamiento son malos compañeros de viaje en la vida política de un país. Los políticos de hoy deberían aprender de los fracasos del pasado a la hora de hacer política y escuchar a los que, como Sánchez-Albornoz, sabían de lo que hablaban.

Sin embargo, hoy vemos cómo se intenta levantar nuevamente un muro entre españoles. Cómo se nos intenta dividir, polarizar, hacernos elegir bando. Cómo los extremismos se retroalimentan y son necesarios el uno para el otro. Como decía Mark Twain, "la Historia nunca se repite, pero a veces rima". No estamos volviendo, como algunos piensan y a otros quizás secretamente les gustaría, a los años treinta del siglo pasado, cuando la violencia política hizo estragos en España.

Pero sin duda alguna, podemos ver con profundo pesar que España navega por la Historia en un círculo eterno del que pareciera no poder escapar. La del enfrentamiento a garrotazos del cuadro de Goya. La Transición vino, con sus errores y sus debes, a poner fin a los siglos de bandos y barricadas, significando un punto y aparte en el devenir histórico de nuestro país. Ese, al que le vuelven a salir las mismas erupciones de antaño: los nacionalismos excluyentes y desaforados, la violencia verbal, los exclusivismos. Algo que parecía curado, máxime con la pertenencia al proyecto europeo.

Estos días observamos cómo, noventa años después, somos incapaces de debatir sobre la guerra de 1936-1939, y eso produce una honda tristeza, desazón y la sensación de que los españoles del presente, de una u otra ideología, seguimos perdiendo esa guerra.

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