España y Asturias en venta: demografía, inmigración y turismo sin proyecto ni país
Ese declive demográfico, si se abordara con precisión, planificación y verdaderas garantías de integración, para aportar al país y no como simple suma de votos externos cuando los internos ya no responden, podría ser incluso positivo. Pero no es así. Lo que se está haciendo no responde a un proyecto de país, sino a un mero cálculo electoral.
Quien venga debe hacerlo para ocupar un lugar real en el organigrama empresarial, profesional e industrial. No se trata de meter números sin más, sin otro control que sumar posibles apoyos políticos. Eso solo conduce a saturar y agotar los servicios públicos, a la creación de guetos, al aumento de la inseguridad y al colapso de recursos esenciales como la sanidad y la vivienda.
Y no hablamos únicamente de inmigración descontrolada. También existe un turismo invasivo que consume infraestructuras y servicios públicos para los que no ha contribuido ni un solo euro. Un turismo que encarece la vida, dispara el precio de la vivienda y expulsa a los habitantes locales, convirtiéndolos en servidumbre en su propia tierra.
La irresponsabilidad de esta clase política es tal que los españoles -en Asturias y en el conjunto de España- avanzan de forma directa hacia la dependencia y la pobreza. Y quien depende del exterior, acaba obedeciendo al exterior.
Con una industria en decadencia, el cierre sistemático de sectores primarios que alimentan a la población -ganadería, agricultura y sus industrias asociadas: queseras, lecheras, cárnicas- se vacían los pueblos y se expulsa a una población que sabía subsistir, cuidar el entorno y mantener el territorio. Se sustituye todo ello por un turismo de postal y prismáticos, para observar osos, lobos o jabalíes, mientras se abandona la gestión real del monte.
Luego, cuando llegan los grandes incendios, se busca culpables individuales -algún pirómano, que seguramente lo habrá-, pero los verdaderos pirómanos están en la nefasta política de abandono del medio rural. Sin limpieza de montes ni senderos, sin ganado doméstico (vacas, ovejas, cabras, caballos) que durante siglos cuidó, limpió y fertilizó la tierra junto a sus dueños, el territorio se convierte en un matorral continuo, listo para arder con cualquier ola de calor y sequía.
Por todo ello, Asturias y España necesitan con urgencia potenciar la natalidad y volver a apostar de verdad por los pueblos y su entorno. El turismo debe regularse y pagar un canon justo por disfrutar de recursos y servicios que no ha contribuido a sostener.
Y en cuanto a la inmigración, lo mismo: control, planificación y necesidad real. Que vengan quienes hagan falta para trabajar, con profesiones, voluntad de integrarse y respeto por el país que los acoge. La solicitud de documentación y la verificación de antecedentes penales no son medidas extremas: son estándares en España, en la Unión Europea y en cualquier Estado serio que quiera garantizar la convivencia y la seguridad ciudadana.
Sin eso, lo que se está haciendo es empobrecer y condenar a los de aquí para beneficiar a los de fuera. Y no por solidaridad ni bondad, sino por puro interés personal y electoral: la búsqueda de votos futuros, propios y de sus entornos familiares, ante la pérdida del respaldo de quienes ya no creen en ustedes. Algunos partidos lo dicen abiertamente, y sabemos que hablan en nombre de todo el Gobierno.
Esto no es progreso ni justicia social. Es irresponsabilidad, oportunismo y arribismo al poder.
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