Dios los cría...
Todos los días nos desayunamos con una más del infumable modelo a imitar que ha elegido nuestra derecha más orillada. La estrella polar mundial que desde EE. UU. dicta también en España conductas, comportamientos, políticas, gestos..., y que los de nuestra ultraderecha se apresuran a emular como si del culto solar de Stonehenge se tratase. La más reciente, disfrazar de monos a quienes por cargo presidencial habrían de merecer, cuando menos, respeto y consideración. También España está en el punto de mira de Trump. No se perdona que le hayan afeado su contribución al exterminio de Gaza, o se le haya tachado de macarra abusón exigiendo la compra de armamento americano para la OTAN. En tanto que Abascal se pirra por quien pretende hacer del orbe su Mar-e-Lago, la cualificada y siempre ponderada cúpula de Vox se apresura al seguidismo. Mi abuela habría dicho: a ver si les parte un rayo. Yo simplemente anhelo que un golpe de juicio a los ciudadanos nos ilumine de ver con cierta claridad lo que nos puede venir encima si semejantes especímenes alcanzan el poder cualquier día. No es un golpe de timón. Es el fin de la democracia. Luego ya no se podrá protestar.
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