Un futuro justo y una sociedad próspera solo pueden construirse con todas las miradas
El 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Volvemos a preguntarnos por qué, pese a los avances tecnológicos y sociales, la brecha de género en las áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) es una realidad persistente. ¿Por qué es necesario movilizar tantos recursos de iniciativas públicas y privadas como ONU Mujeres o Women in AI (WAI), cuyo capítulo en Asturias tengo el honor de representar?
Como ingeniera, he vivido ser minoría en aulas, equipos técnicos y espacios de decisión. Me sigo resistiendo a normalizarlo. La ausencia de referentes femeninos es más que una cuestión simbólica: es un mensaje silencioso a las nuevas generaciones de que ese no es su lugar.
La inteligencia artificial, tan presente ya en nuestras vidas, puede convertirse en una aliada poderosa para avanzar en dos frentes clave: visibilizar referentes femeninos y comprender, para poder eliminar, los factores que alejan a mujeres y, sobre todo, a las niñas de la ciencia.
Hoy sabemos -avalado por estudios- que mostrar el trabajo de mujeres en STEM es una eficaz palanca para despertar vocaciones científicas en la infancia.
Pero la visibilización, siendo imprescindible, no es suficiente. Existe un segundo gran reto: comprender por qué la brecha sigue existiendo, actuar y revertir esta situación. Identificar cuándo y por qué se pierden vocaciones, qué barreras encuentran las mujeres en su desarrollo profesional o cómo se reproducen desigualdades en el acceso a oportunidades es clave para construir un futuro más inclusivo.
Epígrafe: Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia
Destacado: "Necesitamos más niñas que se imaginen científicas, más mujeres programando algoritmos y más organizaciones públicas y privadas dispuestas a cuestionar cómo diseñar, usar y gobernar la inteligencia artificial"
Aquí es donde la inteligencia artificial, bien utilizada, puede marcar la diferencia: ayudándonos a detectar patrones de abandono escolar, sesgos en procesos de selección, desigualdades salariales o frenos invisibles en las carreras investigadoras. Poner datos y evidencias donde antes solo había intuiciones permite diseñar políticas y prácticas más justas… solo requiere voluntad.
No demonicemos la inteligencia artificial… ni pequemos de ingenuas creyendo que es neutra. La IA aprende de datos creados por personas y sociedades con prejuicios, por lo que hereda y multiplica nuestros sesgos. Por ejemplo, si entrenamos modelos con textos o imágenes donde predominan hombres, la IA infiere que el liderazgo en ciencia o tecnología está asociado con lo masculino; si un algoritmo aprende que ciertos perfiles se asocian a ciertos trabajos, potenciará el estereotipo; si los equipos técnicos que programan los modelos no son diversos, adolecerán de otras perspectivas para mitigar sesgos.
El asociacionismo juega un papel fundamental. Debemos crear espacios colectivos donde compartir experiencias, generar conocimiento y ejercer presión para desarrollar tecnología con perspectiva ética y diversa. Estas y otras reflexiones se abordaron en la jornada "Redefiniendo el algoritmo: talento femenino e IA sin sesgos", que organizamos desde la Asociación Mujeres de Empresa y WAI con el apoyo de CEEI Asturias, Women TechMakers, entre otras entidades. Allí analizamos cómo los sesgos de género se cuelan en los sistemas de IA y qué responsabilidad tenemos quienes los diseñamos, implantamos y utilizamos - yo siempre me dirijo a mi IA en femenino, llamadme ingenua-.
La IA puede ayudarnos a detectar desigualdades, y normalizarlas si no velamos por colocarle “guardia raíles”. La clave está en combinar tecnología con educación, referentes y compromiso social.
Necesitamos más niñas que se imaginen científicas, más mujeres programando algoritmos y más organizaciones públicas y privadas dispuestas a cuestionar cómo diseñar, usar y gobernar la inteligencia artificial.
El 11 de febrero no debería ser solo una fecha conmemorativa, sino un recordatorio de que un futuro justo y una sociedad próspera solo pueden construirse con todas las miradas. Y en ese camino, la inteligencia artificial puede ser parte del problema o parte de la solución. La decisión, siempre, es humana.
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