¿Volverá el Somatén?
El Somatén que puede resurgir. Su origen proviene de la palabra en catalán «amatent»: «estar alerta» dio lugar a un doble etimología de la palabra: «Só amatent», estoy atento. En sus orígenes esta obligación de estar alerta solo era para defenderse de ladrones y bandidos, pero más tarde se extendió a perseguir a los rivales en cuestiones políticas. El somatén siempre tuvo actividad, pero esta se acentuó mucho más en la guerra de Independencia contra los franceses a principios del siglo XIX. Ante la brillante actuación que tuvieron, otra vez actuaron durante las guerras carlistas. El gobierno de la dictadura del general Primo de Rivera le dio un gran empuje buscando personas que, ajenas al servicio de la policía, colaborasen con el orden político establecido en España en los años 20.
Formaban un auténtica milicia, tenían una jerarquía paramilitar y en ninguna forma negaban, ni ocultaban su pertenencia al grupo de somatén. Su influencia en asuntos políticos y administrativos podía considerase excesiva y «mangoneaban» sin dar cuenta de sus actos. Temporalmente hacían pública exhibición de su poder y autoridad para recordar a la población «quién mandaba allí». Realizaban concentraciones de somatenes periódicamente en Covadonga con homenajes y rindiendo honor a la bandera del somatén asturiano.
La República quiso disolver este cuerpo de Somatén, que incluso tenía un reglamento, pero no pudo ya que estaba fuertemente unido a las fuerzas políticas contrarias al Gobierno republicano y siguió ejerciendo su poder político y fuerza paramilitar. Después de la Guerra Civil el cuerpo del Somatén aumentó sus prácticas en todo el territorio nacional y casi era una fuerza paralela a las fuerzas de orden público y actuaba el Somatén como una auténtica policía rural.
Del concepto «estar alerta» se pasó a ser los chivatos oficiales de la Guardia Civil y Policía Nacional. No había «rojo» que se les escapase, las denuncias estaban al orden del día en el cuartelillo por el Somatén. Bastaba, simplemente, una disputa familiar, que no merecía sospecha de culpabilidad, pero, si el oponente era un somatén o familiar, la denuncia miserable venía a continuación. Los señalados como poco afectos a la causa nacional, vulgarmente llamados «rojos», si hacían acto de ostentación, o si vivían bien, rápidamente eran acusados de provocadores, y los somatenes registraban sus domicilios.
Hoy por hoy, el cuerpo de Somatén puede decirse claramente que ha desaparecido. Pero, ojo. Ha surgido de la modernidad: el trepas y actualmente el acusador vía internet. Pero que todo el mundo esté alerta, porque en cualquier momento puede resurgir el «demonio político» y los grupos de vigilancia que renueven al cuerpo del Somatén.
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