El enemigo invisible
Ayer, tras muchos días de lluvia machacona, los jubilados del grupo retomamos por fin el diario paseo, suspendido por culpa del mal tiempo, que en Asturias tiene más autoridad que mi Ayuntamiento.
Ya caminando, Bras, nuestro pesado amigo jubilado, protestó:
-Menudo fastidio con esos elementos que nos encierran en casa un día sí y otro también.
-¿Qué elementos, Bras? -le pregunté.
-¡Hombre!, Harry, Ingrid, Joseph, Kristin, Leonardo, Mercedes Martín...
Y como quiera que leemos LA NUEVA ESPAÑA, comprendimos que se trataba de las borrascas. Ahora hasta los temporales vienen enlatados con nombre propio, como artistas invitados. Cualquier día les ponen club de fans.
Como hablar del tiempo da para lo que da, cambiamos de asunto. Entonces Bras soltó:
-Amigos..., quiero deciros que estoy pasando por un viacrucis.
Nos quedamos tiesos. A nuestra edad esa palabra siempre suena a médico especialista, a problemas familiares u otros similares.
-Me están llenando la casa de taloneras. Me llegan paquetes mañana y tarde. Mi mujer dice que o paro eso o salgo yo con todas las prótesis detrás. Mi amigo el veterinario, que sabe más que Google, dio con el diagnóstico: "compra recurrente". Me lo explicó todo y creo que lo entendí. Os detallo: compras una vez, te envían el producto y después, cada cierto tiempo, sin tú hacer nada, te vuelven a enviar otro igual y así sucesivamente. Te repiten cobros tantos como envíos durante toda la vida. Te mandan cosas sin pedirlas y, encima, lo llaman servicio eficiente con fidelización incluida. Antes ibas a la tienda a por jabón. Ahora el jabón te encuentra a ti aunque te escondas.
Bras, terminó rematando:
-¿Sabéis qué? Que se acabó. Yo vuelvo a la tienda de la esquina, mientras dure. Pago en metálico, me dan la vuelta y nadie me suscribe a nada para martirizarme después.
Y asintiendo todos a Bras, regresamos a casa preocupados, pensando que las borrascas, al menos, salen en el parte del tiempo. Y estas modernidades no. Cómo no pensar en que hay un enemigo invisible que te vacía la cuenta en silencio y, a cambio, te da las gracias por ser cliente fiel.
Eso sí que es un temporal.
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