El mostrador como espejo
Trabajo de cara al público. Mi oficio es atender, pero en realidad observo. El mostrador es un espejo donde desfilan todas las formas de estar en España: la sonrisa que ilumina la mañana como un sol inesperado, la mueca que oscurece el instante, la mano que agradece y el dedo que exige, la mirada que comprende y la que atraviesa como si uno fuera aire.
Veo bondad y veo aspereza. Veo educación que suaviza los pasos y descortesía que los enmaraña. Un "por favor" puede abrir puertas que ninguna llave alcanza; un "gracias" puede sostener horas de cansancio. Las sonrisas que llegan sin pedir nada tienen la fuerza de la luz en medio de la rutina, y cuando desaparecen, todo se vuelve más pesado, más árido.
La crispación se ha vuelto atmósfera, un veneno que se filtra en conversaciones, colas y silencios. Las prisas muerden, la impaciencia hiere y la piel se vuelve frágil. Cuando la educación se pierde, se rompe la trama invisible que nos sostiene. El respeto y la gratitud no son formalismos: son inteligencia y valentía. Sin ellos, España se endurece, se aísla y olvida su propia humanidad, y lo que queda no es más que eco de sí misma.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

