Felipe y Pedro, nada que ver
España ha pasado de un socialismo reconocible -el que representó Felipe González- a una etapa en la que el poder, bajo Pedro Sánchez, parece haberse convertido en un fin en sí mismo. No hablamos de evolución ideológica, sino de una ruptura con los principios del socialismo democrático.
Hoy se pacta lo que ayer se calificaba de inaceptable. Se promete una cosa y se ejecuta la contraria. No es diálogo ni pragmatismo: es supervivencia política. Cuando la palabra deja de tener valor, la confianza pública se desploma.
Las instituciones tampoco salen indemnes. La presión sobre el poder judicial, las reformas legales percibidas como diseñadas a medida y el abuso del decreto transmiten un mensaje inquietante: la ley deja de ser un marco común para convertirse en un instrumento del poder.
En política exterior, los bandazos estratégicos y los giros improvisados han debilitado la credibilidad de España. El cambio de posición sobre el Sáhara simboliza una diplomacia sin rumbo, subordinada a urgencias internas más que a principios sólidos.
Mientras tanto, la economía real desmiente el relato oficial. La vivienda es inaccesible para muchos ciudadanos, la sanidad pública se satura, el coste de vida asfixia a las familias y el empleo depende en exceso de un turismo masivo que precariza las condiciones laborales. La distancia entre el discurso gubernamental y la experiencia cotidiana erosiona la credibilidad institucional.
La gestión migratoria, sin planificación suficiente, presiona servicios públicos ya tensionados. Cuando estas decisiones se perciben como herramientas electorales, el daño no es solo económico, sino social y democrático.
Felipe González utilizó el poder como instrumento para transformar el país. Hoy, la sensación creciente es la contraria: se transforma el país para conservar el poder.
No es socialismo. No es progreso. Es la política reducida a un ejercicio de resistencia personal. Y cuando los principios se subordinan al poder, las instituciones se debilitan, la confianza desaparece y la democracia se vacía por dentro.
Esa factura, antes o después, la pagaremos todos los españoles y europeos.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

