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Filosofía de Kojève

13 de Febrero del 2026 - José Manuel López García (GIJÓN)

Alexandre Kojève (1902-1968) fue un filósofo, economista y diplomático ruso-francés cuya influencia en la filosofía europea del siglo XX fue realmente profunda y duradera. Nació en Moscú en el interior de una familia judía acomodada y emigró a Francia tras la Revolución Rusa. Esto le permitió formarse en un ambiente intelectual europeo. Entró en contacto con los principales debates filosóficos de la época. En cuanto a su formación, combinó estudios de filosofía, economía y ciencias políticas, algo que influiría en el carácter interdisciplinar de su pensamiento. Kojève alcanzó la fama y el reconocimiento mundial principalmente con sus lecciones sobre Hegel impartidas en París entre 1933 y 1939, conocidas como las Lecciones sobre la Fenomenología del Espíritu. A estas conferencias asistieron intelectuales como Georges Bataille, Merleau-Ponty y Lacan, entre otros. Estas lecciones aportaron una interpretación innovadora sobre el idealismo absoluto de Hegel, centrada en la dialéctica del señor y el esclavo y en la noción del fin de la historia.

Según Kojève, la historia universal se desarrolla mediante la lucha por el reconocimiento entre las conciencias humanas y alcanza su culminación en un mundo donde la libertad y la igualdad están institucionalmente garantizadas y representadas en el Estado moderno. Subrayó que la historia no es sólo un devenir abstracto, sino un proceso en el que la conciencia humana se reconoce a sí misma a través del trabajo, la cooperación social y las instituciones políticas. De este modo, sentó las bases para la recepción de la filosofía de Hegel en el existencialismo francés, influyendo en pensadores como Sartre, que incorporaron la dialéctica del reconocimiento en su filosofía de la libertad y la acción.

Además de su labor académica, Alexandre Kojève tuvo una vida profesional vinculada a la diplomacia y la economía. Durante la posguerra, trabajó en la Administración francesa, especialmente en asuntos económicos internacionales, contribuyendo a la planificación europea y también al desarrollo del sistema económico europeo. Esta experiencia le permitió fusionar teoría y práctica. De esta forma, mostró que la filosofía podía iluminar la acción política concreta. Murió en 1968 en París, dejando un extraordinario legado que combina interpretación filosófica, reflexión política y análisis histórico. Su obra destaca por su capacidad de reconectar a Hegel con la modernidad, anticipando debates sobre libertad, igualdad, historia y reconocimiento que siguen siendo fundamentales en la filosofía política actual. Fue una figura central en la cultura intelectual del siglo XX.

La filosofía de Hegel, explica Kojève, entiende la historia como un proceso teleológico o finalista que avanza hacia la realización de la libertad. Es un planteamiento optimista, ya que el curso de la historia no es lineal y está lleno de guerras, conflictos y falta de libertad. Según el análisis filosófico hegeliano, la ética y la política están unidas a nivel teórico; sin embargo, en la práctica esto resulta dudoso, especialmente si se considera la corrupción política. Según Hegel, la historia tiene sentido solo en la perspectiva de alcanzar una libertad humana plena en todos los aspectos. A mi juicio, es cierto, ya que la alienación y la cosificación se superan mediante el reconocimiento mutuo y la integración social. Por tanto, en el idealismo hegeliano la culminación de la historia es un mundo donde el deseo de reconocimiento está plenamente satisfecho.

Desde la perspectiva de Kojève, la historia alcanza su fin en la sociedad de los derechos humanos universales. En consecuencia, la filosofía debe orientarse hacia la acción y la transformación social, ya que la libertad real se alcanza en la igualdad política y social. De este modo, es evidente que la lucha por el reconocimiento no termina hasta la real universalización de los derechos. La economía y el trabajo son o deben ser los auténticos motores de la emancipación humana. Kojève enfatiza la centralidad del Estado moderno como garante de la libertad. De hecho, la filosofía no es solo especulación abstracta, sino guía de acción histórica hacia la justicia social. Este pensador interpreta la cultura, el arte y la religión como momentos del espíritu o razón humana en desarrollo. Y lo mismo puede decirse, a mi juicio, del saber científico y tecnológico.

Como indica Safranski en su libro sobre Heidegger "Con apoyo en Hegel y conectando explícitamente con Heidegger, Kojève pregunta: ¿cuál es el sentido del ser entero?". Indudablemente el tiempo, el estar arrojados al mundo y a la temporalidad. Estamos hechos de tiempo, ya que es nuestra esencia, sin ninguna duda. Tanto Kojève como Heidegger interpretan la existencia humana desde la negatividad y la muerte. Somos seres finitos y limitados por la inexorable muerte. Esto es precisamente lo que da un valor infinito a las decisiones que se toman en la vida. El ser humano se define no solamente por aprovechar cada instante para su autorrealización, sino también por superar la mera supervivencia animal.

En su lectura de Hegel, es evidente que Kojève comprende que la vida cobra sentido en la realización del espíritu o de la razón. Esto se traduce en una existencia reconciliada, más contemplativa y consciente de sus límites, aunque la lucha persiste.

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