Mientras unos festejan, otros delinquen
Mientras Gijón festejaba un par de días de Antroxu, cosa muy de agradecer para quienes trabajan todo el año y, seguramente, muchos en algo que no es de su total agrado, leo en LA NUEVA ESPAÑA del 17 de febrero, Martes de Carnaval, un par de noticias que, en mi opinión, no deberíamos estar soportando. La primera dice así: "Tres encapuchados roban a punta de cuchillo en una tienda de móviles", y añade que se trata de "rumanos que fueron luego detenidos en Oviedo". La segunda dice: "Dos jóvenes, uno de ellos menor, dan una paliza a un gijonés para quitarle el teléfono y 15 euros", y añade que "uno de los implicados, argelino, llevaba apenas 40 días en España, y el otro, marroquí, se había fugado de un centro de menores de Asturias".
A la vista de cómo se está permitiendo que funcionen estas cosas en nuestro país, uno supone que, tras la toma de datos por parte de la autoridad policial y judicial, seguirán residiendo en nuestro país hasta que se les antoje cometer la próxima fechoría, sin temor a ser puestos de patitas en sus países de procedencia, que, en mi opinión, sería lo correcto y lo que se merecen.
Por mi condición de exemigrante en la Alemania de los años sesenta y setenta del pasado siglo, puedo contar una anécdota de cómo allí entonces se hacían las cosas, por si a nuestros gobernantes se les pudiera ocurrir siquiera copiarlo. Conocí el caso de un emigrante turco que residía en el mismo barrio de Stuttgart que yo entonces; aquel hombre estaba trabajando en una industria automovilística famosa con sede en esa ciudad. Un mal día, se enrolló con una joven alemana, con pretensiones no confesadas, y esta, tiempo más tarde, lo denunció alegando, al parecer, que era menor de edad y la había engañado; cumplió un tiempo de condena en la prisión de Stammheim, en Stuttgart, y, cuando terminó la condena, se comentaba que fue llevado desde la prisión directamente al aeropuerto (Flughafen/Stuttgart) y devuelto a su país de origen. Yo encuentro que eso sería lo correcto para poner aquí en práctica contra quienes demuestran venir aquí a delinquir, y no a trabajar y vivir honradamente. Ojalá los políticos de turno abran los ojos y empiecen a ver la realidad de lo que pasa y de lo que, a buen seguro, nos seguirá pasando.
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