Cárceles "de cine" para extranjeros y residencias "de miseria" para ancianos españoles
"Ancianos encarcelados". Qué mal momento pasé leyendo el tal artículo en LA NUEVA ESPAÑA del 17 de febrero pasado, en el que, entrecruzando una comparación absurda, ancianos-encarcelados, y falsedades a un lado y otro, se describía un paisaje de ensueño en el caso de presos en la cárcel y de pesadilla al presentar la vida de ancianos en residencias. Me parecía estar soñando cuando me describían el paraíso de unos y el infierno de los otros. Menos mal que después del sueño viene la vigilia, que nos vuelve a la realidad, pensaba yo. Pero no fue así. El mal momento se convirtió en continuada pesadilla interior al comprobar que lo que leía formaba parte de la realidad de cada día: se trataba de propaganda de ideas xenófobas que hablaban de extranjeros adultos que en nuestra cárcel disfrutaban una vida de ensueño y de menores que llegaron sin tutela alguna a nuestro país y tenían de todo con gastos pagos a cargo del Estado; de los españoles, vamos. En verdad siempre es de españoles y extranjeros, pues son muchos los que aquí trabajan y también pagan sus impuestos. El porcentaje de trabajadores extranjeros en España se suele cifrar entre el 14% y el 16%. De los 21,84 millones de afiliados a la Seguridad Social son extranjeros 3.085.000, el 14,1%.
Se habla de una vida de desgracia de los ancianos en sus residencias. No se dice si se refiere a las privadas, a las públicas o a ambas. Es de esperar que unas y otras salgan a la palestra para defenderse. Yo más bien quiero comentar lo que en él se refiere a la cárcel. Se dice en el citado texto que el Estado invierte en cada preso 4.100 euros al mes. Sin embargo, según lo que aparece en las informaciones que todos podemos conocer, las cifras se sitúan entre 2.100 y 2.400 euros mensuales por preso en el sistema estatal. Cataluña es caso aparte al estar transferida esta cuestión. También es importante saber cómo se reparte el gasto. El artículo referido parece indicar que todo se gasta en darles una vida de lujo a los presos: comida, servicios, promoción personal, ocio… La verdad es otra. “En las cárceles estatales (gestionadas por el Ministerio del Interior a través de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias), el gasto en personal representa aproximadamente entre el 65% y el 70% del presupuesto total del programa penitenciario”. Concretando más: para hablar del gasto directo e individualizado de un preso en las instituciones estatales (excluyendo sueldos de funcionarios, mantenimiento de edificios, seguridad y administración general), se suele aplicar un porcentaje que oscila entre el 10% y el 15% del presupuesto total por interno. Ya vemos la harina que queda después de “peñerarla”.
No sé dónde están las cárceles de las que habla el autor de “Ancianos encarcelados”. Supongo que incluirá el Centro Penitenciario de Asturias, en el que yo he entrado durante varios años como voluntario de Entainar, asociación de la que aún soy socio. En nuestra cárcel no hay campo de rugby, ni piscina climatizada. Ni los presos ni los voluntarios que entran pueden tener móvil, tampoco ordenador; hay tele en la sala común y en las celdas si el preso se la paga… Todo parece un discurso urdido para engañar con unos fines que parecen claramente xenófobos. ¡Qué pena!
Sin entrar en una larga reflexión sobre lo que son y debieran ser las prisiones, señalemos que estas instituciones existen para recluir allí a los que son condenados a privación de libertad, no de la dignidad humana. La finalidad principal de la estancia en la prisión es la reinserción, para lo que se debiera disponer de los recursos necesarios, que bien, por el contrario, parece que resultan insuficientes.
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