"El bicho del dinero"
La "presunción de inocencia" tiene su origen y asiento en el contexto judicial; no conviene abusar del sintagma fuera de ese contexto. El DAO de la Policía Nacional, denunciado por violación, está amparado por la presunción de inocencia hasta que recaiga sentencia. En el caso de Grande-Marlaska, al no estar ni denunciado ni investigado, no ha lugar a invocar la presunción de inocencia. Al contrario, como responsable de un ministerio está expuesto al escrutinio público sin restricciones. Resulta escandalosamente llamativo que el Ministro se entere por los medios, como un ciudadano de a pie, de lo que hace su mano derecha, dándose además la circunstancia escabrosa de que lo que hace su mano derecha es meter mano a una subordinada.
Entre el DAO y el ministro no hay apenas eslabones intermedios en la cadena de mando, el contacto es inmediato. ¿No existe además una unidad de asuntos internos y en torno al ministro no orbitan, como electrones, un enjambre de asesores? ¿Todos mudos y ciegos? La hipótesis que puede explicar la ignorancia supina de Marlaska es más ominosa, si cabe, que el silencio encubridor: la cúpula policial tendría mejor informados a Bono y a Zapatero que al propio Ministro. Marlaska llegó al Gobierno sin carné del partido; el organigrama del Ministerio se lo dieron hecho.
Segundo Martínez colocó en la cúspide policial a su íntimo José Ángel González, el DAO en cuestión. Martínez fue jefe superior de Policía de Castilla y León antes de ser jefe de seguridad de la Moncloa durante los años que Zapatero la ocupó. Martínez y Zapatero comparten negocios (Huawei) y el DAO es una pieza tan clave para sus intereses que aplazaron su jubilación modificando por decreto (!) la ley orgánica 9/2015, de Régimen de Personal de la Policía Nacional. Entre el ministro y el DAO, Bono colocó a Francisco Pardo, su mano derecha en Castilla-La Mancha y en el Ministerio de Defensa, como director de Policía.
Con estos peones, Bono y Zapatero aseguran su control sobre el Ministerio al margen de Grande-Marlaska. ¿Con qué fin? Bono y Zapatero, dos "jarrones chinos" que el sanchismo exhibe en la estantería, fueron "picados por el bicho del dinero" (para decirlo con palabras de García-Page). De Zapatero baste recordar el episodio del Pardo, internándose en la floresta, cubierto por la Policía, con un presunto delincuente en vísperas de ser detenido. De Bono ya es de dominio público que tiene una flota de firmas "off shore" fondeada en el paraíso fiscal ("Tax haven") de República Dominicana, donde comparte poder e intereses con el presidente Abinader.
Mediante esos peones en la cúpula policial, Bono y Zapatero, y un escuadrón de segundones y de secuaces (todos de la escudería sanchista), se mantienen al tanto de los movimientos de la UDEF (Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal), que puede sentirse tentada de interferir en la actividad de estos paladines de la economía social competitiva. Negocios turbios y violencia sexual, un cóctel muy progresista. Más claro, ni el agua, hay que votar a la izquierda. No sea que a esta buena gente se le acabe el chollo.
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