Exportando modelo
Hubo una época en la que Estados Unidos exportaba democracia. Creía, creíamos, que lo que era bueno para nosotros también resultaría estupendo para los demás. Y por ahí íbamos por el mundo de las desgracias y de los conflictos imponiendo nuestro modelo a los demás. Yo creo que lo hacía de buena fe, en la inmensa ingenuidad que caracterizó un régimen poderoso como el de EE.UU. Pero no todos los estados y culturas estamos cortados por el mismo patrón. Es más, para algunos, como lo pueda ser China o el mundo musulmán, nuestro arquetipo está degenerado. No solo somos referencia, sino la expresión de la degradación. Algo parecido, supongo, a como hoy nos tacha Trump a los europeos. Yo creo que cada cual tiene sus raíces y cultura. Ni qué decir tiene, con sus bondades y su grasa a extirpar. No es ni bueno ni malo. Es lo de cada cual. Así que imponer cosas estupendas, incluso de buena fe, es algo a considerar. Cuando menos, a disponer del beneplácito de quien se supone que habría de beneficiarse. Por eso le doy vueltas a la intervención de EE. UU. en Venezuela, Groenlandia, Colombia, México, Cuba o Irán... Los iraníes anhelan deponer su régimen. Pero no hay represión que constriña a un pueblo, que dura ya por cuarenta y siete años. Creo que es mucho más complejo de lo que suponemos. Son ellos quienes han de provocarlo, o cuando menos liderar la iniciativa del cambio. Ya está bien de ir de mesías por el mundo y de imponer conductas que flojean con nosotros mismos.
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