Ausencia de liderazgo europeo
Creo que Europa adolece de falta de liderazgo. De una Merkel, de un Mitterrand, de Helmut Kohl, o incluso Felipe González. Macron quiso y no pudo, y hoy las relaciones Francia-Alemania no acaban de engarzarse. Alemania y Francia siempre acaban separadas por lo mismo. La necesidad vital exportadora de Alemania, a la que le fastidia que Francia haya echado abajo Mercosur. O la apuesta por las inversiones francesas, respecto de las reformas económicas que impulsen la ciénaga alemana. El canciller Mertz entró fuerte abriendo la puerta al endeudamiento alemán, pero un año después anda atrapado en sus miedos y las circunstancias. Convergiendo en la necesidad de la autonomía estratégica europea en materia de defensa, ni siquiera se ponen de acuerdo con el avión de combate europeo. Francia prefiere la posibilidad de que pueda embarcarse, así como transportar cabezas nucleares. Y, puestos así, así de mal nos van las cosas. Sin líderes robustos nacionales, el proyecto de convergencia europeo queda mecido por las olas. Ursula von der Leyen, que nos humilló en su encuentro escocés con Trump, tampoco lidera un proyecto comunitario. Se diluye entre el impulso industrializador, el imperceptible despegue de los tecnológicos, el retraso en la mejora de competencias, el sangrante proceso decisorio, que permite imponer a las minorías... Cuánta falta nos hace una estrella azul que guíe nuestro camino cuando más falta hace.
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