Oficios antiguos

25 de Febrero del 2026 - Fernando Vijande Fernández (CASTROPOL)

En mi casa, cuando yo era pequeño, se hacía caldo todos los días con unto, berzas, unas patatas y un chorizo que naufragaba dentro de la pota. A mí me gustaba el caldo, pues me entonaba el estómago; pero un día sí y otro también llegaba a cansarme y les pedía otra cosa.

Mi padre, que hizo la mili en Simancas, en Gijón, nada más terminar la Guerra Civil, durante tres años, me contaba que cuando él era de mi edad no tenían ni caldo. Había un señor, al que llamaban "el Sustanciero", que se dedicaba a ir casa por casa, con un hueso grande y pelado de jamón, ofreciéndole a la dueña de la casa -que estaba haciendo el caldo- que lo introdujera dentro de la pota un cuarto de hora. Le cobraba una perra gorda (un perrón) o, si eran cinco minutos, una perra chica (un perrín).

"El Sustanciero" iba de casa en casa gritando:

-Sustancia. ¿Quién quiere sustancia para el puchero? ¡Traigo un hueso riquísimo!

Después de ir casa por casa y realizar varias veces el mismo procedimiento, iba rebajando el pago o aumentando el tiempo. También modificaba la calidad del hueso y decía:

-¡Traigo un hueso requeterriquísimo!

A consecuencia de este oficio aparecieron refranes alusivos a esta profesión, y uno de ellos era: "A la olla de enero ponle buen 'Sustanciero'".

Otro oficio que se perdió fue el del afilador, paragüero y hojalatero. Ya escribí un relato sobre el hojalatero, y a este sí lo conocí, pues se instalaba en el corral de mi casa.

Aparte de arreglar potas descascarilladas y con agujeros, también arreglaba paraguas. En mi casa teníamos para los domingos un paraguas "siete parroquias", un día se le estropeó una varilla y el paragüero lo dejó como si fuera nuevo.

Otro oficio que desapareció era el del arreglo de fotos antiguas.

Recuerdo que, cuando era pequeño, cada tres o cuatro meses, aparecía por mi pueblo un señor con una serie de cuadros con fotografías enmarcadas de familiares de las personas del pueblo. Cada familia le dejaba una fotografía y el arreglador te la dejaba nueva: le quitaba las arrugas, las cicatrices, le ponía color a las caras y aparentaban menos edad.

Todos estos oficios, y muchos más, desaparecieron y hoy en día son sustituidos por la inteligencia artificial. También es cierto que el aumento del nivel de vida de las personas contribuyó a que desaparecieran.

Vivimos en la época de la inmediatez: lo queremos todo para ayer, para ahora, y estamos sufriendo un cambio inmenso.

No niego que la inteligencia artificial nos ayuda muchísimo, pues a nivel médico y sanitario nos permite resolver problemas en cinco minutos cuando antes nos llevaba años hacerlo; pero hay profesiones que desaparecen y tendremos que adaptarnos.

De todas formas, la satisfacción que yo tenía cuando iba coger aguiyolos en la ría del Eo no hay inteligencia artificial que me la mejore.

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