Las semillas de amapola
Una leyenda muy socorrida del folclor eslavo dice que el remedio más eficaz para protegerse del vampiro es lanzarle un buen puñado de semillas de amapola, porque en el tiempo que le llevaría contarlas acabaría siendo sorprendido por la luz del amanecer. Yo estoy convencido de que Pedro Sánchez, hombre leído y culto, o cualquiera de las lumbreras que le rodean se han inspirado en tal superchería para desclasificar los archivos del 23F, pensando que no hay mejor forma de alargar la agonía de la legislatura y ocultar sus estafas que tener a la oposición ocupada en examinar un sinfín de documentos secretos, secretísimos, y cruciales, crucialísimos, para quienes no son capaces de desembarazarse de los traumas del pasado. Tal artimaña parece estar dando sus frutos, y a esta hora políticos y medios de comunicación de la derecha siguen narrando, minuto a minuto, el contenido de las resmas, esperando topar con el elefante blanco de un momento a otro. Cuando se den cuenta de que no hay nada nuevo bajo el sol, salvo el hecho de que en la casa de Tejero quien llevaba los pantalones era doña Carmen y que la planificación del sainete parecía urdida por una muchachada adicta a "Curro Jiménez" y a los bocatas de mortadela, cuando pase el sofocón mediático, el señor Sánchez ya tendrá en mente otro proyecto, otra pantomima, acaso más sofisticada que la anterior; que el hombre se maneja en el truco y el prestigio como un mago de primera y todos tragan, creen a pies juntillas y pasan por el aro. Los que no lo hacen son estigmatizados, tildados de fachas y traidores, son cuatro gatos que no tienen con qué sacarlo a gorrazos del escenario: el parado, el que no llega a fin de mes, el pobre autónomo, el del tractor, el que es viejo, el que está enfermo, el que se ve negro para coger un tren, el que quiere andar seguro por las calles, el librepensador y el que está harto de gestores ignorantes, irrespetuosos e hipócritas que creen que prohibir el "bombero torero" es la culminación del progreso.
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