Pedro Sánchez y su caña de pescar
Cumplidos ya los 65 años, si algún mago fuese capaz de devolverme a cualquier año de mi cincuentena, y alguien me adelantase lo que ha ido sucediendo estos últimos años, le diría que está loco, que de ninguna manera nada de eso iría a pasar. Lo del brexit, cuando unos radicales iluminados prometieron a los ciudadanos del Reino Unido que el paraíso les llegaría cuando se desencadenasen de la Unión Europea; lo de la pandemia, que nos tuvo meses enteros secuestrados en nuestros propios hogares, mientras la muerte de miles de personas en todo el mundo, y particularmente en nuestro país, nos sobrecogía; la cruel guerra desatada por la Rusia de Vladimir Putin, tratando de apoderarse de Ucrania, un país soberano, en el extrarradio de Europa; el abrupto final del primer mandato de Donald Trump, cuando una marabunta de exaltados armados, encabezados por un individuo con un gorro de piel con cuernos de bisonte y cola de mapache, trataron de violar la sesión en la que se iban a certificar los resultados de las elecciones ganadas por Joe Biden; o el abrupto retorno de Donald Trump, arrasando en las elecciones de noviembre de 2024, cuando ya no engañaba a nadie, los ciudadanos sabían a qué clase de personaje estaban votando... y lo votaron, otorgándole una victoria contundente sobre el partido demócrata.
Pues bien, todo eso ha sucedido y, mientras tanto, en nuestro país, llevamos ya cerca de ocho años con un Gobierno, encabezado por Pedro Sánchez, que con el paso de los años y en ausencia del músculo suficiente para poder gobernar sin dependencias, en su necesidad de contentar a un crisol de socios indispensables, no ha dudado en hacer todo aquello que dijo que no iba a hacer, cediendo sin pestañear en aspectos que se pensaba jamás se consentirían, y todo ello aderezado por un ramillete de tramas de corrupción que afectan a sus más directos colaboradores, e incluso a miembros de su propia familia.
Todo esto ha hecho que sus apoyos y los de los socios que comparten gobierno con él hayan ido mermando paulatinamente. Ya en las elecciones de 2023, poco le faltó para no poder continuar dirigiendo el país, quedando en una situación tan precaria que tuvo que redoblar sus cesiones, permitir ser humillado una y otra vez por sus supuestos apoyos en el Congreso, intentando gobernar a golpe de decreto-ley, que a las pocas semanas era tumbado en el Congreso al carecer de los votos suficientes para convalidarlo.
Llegados a este punto, y con las elecciones generales de 2027 ya en el horizonte, su perspectiva electoral cada vez es más negra, pero su ansia por permanecer en la Moncloa sigue intacta, y eso es lo más preocupante.
Ante la ausencia de iniciativas internas que reactiven a su electorado, ha comenzado a explorar una, la más peligrosa de todas, en la que los intereses de nuestra nación pueden verse seriamente perjudicados. Se trata, sencillamente de provocar a Donald Trump.
No seré yo el que vaya a defender y/o apoyar a Donald Trump y su Administración. Me parecen, sencillamente, una pesadilla, son como un sueño distópico. Sin embargo, nos guste o no, se trata de la potencia más poderosa del mundo, en estos momentos dirigida por un personaje que, como estamos pudiendo comprobar día tras día, sigue la máxima de que "el fin justifica los medios", aunque no sé si tiene muy claro el fin que busca, la verdad.
Pues bien, Pedro Sánchez está tratando de pescar en ese río revuelto... a Donald Trump. Está buscando un enfrentamiento directo con el presidente de los EE UU más descontrolado de todos los que lo han sido desde que estoy en este mundo (incluido Richard Nixon, que era para nota). Echó el anzuelo cuando montó el numerito en la reunión de la OTAN, desmarcándose retóricamente del acuerdo de incremento en gasto en defensa, aunque luego firmó el mismo documento que el resto de los miembros, pero su postura quedó bien retratada, incluso en aquella foto en la que quiso parecer "el díscolo apartado". Salvo un par de rejonazos de Trump, poco enfrentamiento obtuvo. Volvió a echar la caña a cuenta de la masacre de palestinos ejecutada por Estado de Israel en Gaza. Los decibelios del Gobierno de España fueron mucho mayores que los del resto de miembros de la UE, cortando todos los puentes con el estado de Israel, que, aunque en un futuro próximo la Administración Netanyahu caiga, serán muy complicados de volver a tender. Tampoco aquí consiguió que el "gran pez" picara. Y ahora, vuelve a echarla con motivo de la ofensiva de EE UU en Irán, desmarcándose de la postura de los países europeos de mayor peso (Alemania, Reino Unido, Francia, Italia) y, lo que es más grave, impidiendo el desarrollo de diversas operaciones de las fuerzas de EE UU desde la base de Rota, obligando a desplazar unidades aéreas de repostaje a otras bases en Europa.
Puede que esta vez sí consiga que el "gran pez" pique, y se haga realidad su alienada estrategia de que un rifirrafe con los EE UU pueda beneficiarle electoralmente para así conseguir su objetivo, permanecer en la Moncloa, pero para España y nosotros, los ciudadanos de este país, que se nos ponga en el punto de mira de una administración descontrolada que ha dado muestras más que claras de hasta dónde puede llegar para lograr sus objetivos, es una malísima noticia. Ojalá me equivoque.
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