Hermoso recordatorio a Berta Cáceres
A diez años del crimen de Berta Cáceres: muchas flores en Oviedo, hierbas aromáticas en Xixón, y un Mural colectivo.
Celebramos su memoria de luchas, exigimos que se aplique la Justicia a sus asesinos, y a quienes dieron la orden.
Abrazamos a sus hijas, a su mamá, doña Austra Berta, a sus nietas, a su COPINH, al pueblo hondureño rebelde.
A Berta Cáceres se la recuerda como una líder incansable, una defensora apasionada de los derechos humanos y ambientales. Encarnó la resistencia contra la injusticia y la opresión en la defensa de la Madre Tierra y las comunidades indígenas de Honduras. Activó al pueblo lenca, el mayor pueblo indígena de Honduras, para resistir a la construcción de la represa Agua Zarca, sobre el Río Gualcarque. El río es sagrado para los indígenas y vital para su supervivencia.
Enfrentarse a poderosos intereses que amenazaban la tierra y los recursos naturales e hídricos de su país le costó la vida en 2016, cuando tenía 44 años. La activista murió asesinada en su casa, a pesar de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos CIDH había obligado al Gobierno hondureño en 2009 a brindarle protección policial. Fue muy sonado, porque el año anterior había recibido el renombrado premio ambiental Goldman y se había hecho conocida a nivel global.
También había recibido el Premio Shalom de la Sociedad para la Justicia y la Paz.
En Siero su organización el COPINH recibió el Premio DD HH en 2017, y en Langreo el Premio a la Vida, recibido este 20 de febrero.
Berta Cáceres dejó un legado imborrable en su comunidad y en la unión de los pueblos indígenas. Como cofundadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), Berta fue una fuerza motriz en la lucha por los derechos territoriales de los pueblos indígenas y contra la explotación ambiental.
Su campaña de base logró que el constructor de represas más grande del mundo se retirara del proyecto de la represa Agua Zarca, un acto que no solo protegió la tierra sagrada de los lencas sino que también se convirtió en un símbolo de resistencia y empoderamiento para las comunidades indígenas en todo el mundo.
Aunque su vida fue trágicamente corta, el impacto de Bertha Cáceres en la lucha por la justicia ambiental y social continúa inspirando a activistas en todo el mundo. Su legado se mantiene vivo a través de las acciones de COPINH y de todos aquellos que siguen su ejemplo en la defensa de la tierra y los derechos indígenas.
En el Milán, al colocarse Flores Para Berta, ante la placa que allí colocó el Ayto ovetense, Amnistía Internacional recordaba la visita de su hija Laura, la lucha incansable de su familia y su organización buscando Justicia frente a este crimen, y esta semana en La Esperanza-Intibucá, numerosas organizaciones y personas están honrando su Memoria, al tiempo que exigen que quienes dieron la orden del crimen, los poderosos empresarios Atala, sean enjuciados.
Berta Vive y la Lucha Sigue.. se gritó repetidamente en el Milán, en el Solarón y en otros escenarios de acompañamiento al COPINH y a Berta.
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