Noreña: desaparecidos y asesinados
Una vez más, y antes de que pase el 31 de marzo de 2026, quisiera recordar la retirada de la lápida de la fachada norte de la iglesia parroquial de Noreña, hecho que acaeció el 31 de marzo de 2015, llevado a cabo por la Corporación municipal socialista de Noreña y en la que figuran inscritas las 34 víctimas asesinadas y desaparecidas por la represión republicana desde antes del 18 de julio de 1936 al 21 de octubre de 1937.
El libro “Asturias concejo a concejo", Noreña, página 89, dice: “El 20 de julio, un grupo de milicianos de Noreña, Siero y Carbayín participan en el asedio a Oviedo y se establecen en Colloto. A finales de octubre, se militarizan los batallones de milicias y el Batallón Azaña se instala en el cuartel de Noreña, dirigido por el comandante Bernardo Gómez. En esos meses se produce la represión republicana. Pesquisas, saqueos, incendios en la iglesia parroquial y en la capilla del Ecce-Homo, detención de sospechosos, presos en la capilla del Hospital y ejecución de 34 personas de Noreña. El 21 de octubre de 1937, el Ejército nacional ocupa Noreña”.
También quisiera, a modo de sincero homenaje, recordar a todas las víctimas de ETA, que en estos momentos están siendo menospreciadas, ninguneadas e incluso ignoradas por el Gobierno español, al llevar a cabo pactos con partidos políticos con total falta de empatía, gran hipocresía, falsedad y engaño, al asistir año tras año a los actos en memoria de las víctimas del terrorismo.
Mi reconocimiento (para ellas) y también el de la Ley 52/2007 de 26 de diciembre. Artículo 1.º. Objetivo de la Ley, donde dice: “La presente ley tiene por objetivo reconocer y ampliar derechos a favor de quienes padecieron persecución o violencia por razones políticas, ideológicas o de creencia religiosa, durante la Guerra Civil y la dictadura...".
La ley dice: reconocer y ampliar. Y esto no se cumple o se cumple parcialmente, discriminando a los desaparecidos y asesinados durante la Guerra Civil por la represión republicana, que no quieren admitir los que se definen como defensores de la libertad democrática, eliminando cualquier vestigio y testimonios que recuerden lo acontecido, evocando la misma ley.
Mi más sincero apoyo y afecto a todas las víctimas, familiares y amigos de los asesinados por la represión republicana y por ETA, recordándoles que aún hay cientos de asesinatos cometidos por esta banda armada sin juicio y, por tanto, sin sentencia condenatoria de sus asesinos.
Mi absoluta repulsa por la excarcelación o la semilibertad de los asesinos etarras, que no reconocen sus crímenes ni se arrepienten de ellos. También mi rechazo a los gobiernos y partidos políticos que lo permiten y aceptan elaborando relatos que reproducen hasta la saciedad para que, a fuerza de repetirlos una y otra vez, terminemos por creerlos y aceptarlos.
Que de una vez por todas se haga justicia entre unos y otros y cese de forma definitiva el enfrentamiento entre españoles que tanta desgracia y sufrimiento ha causado a este país a lo largo de su historia más reciente.
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