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Bases militares y coherencia estratégica, no se puede jugar a dos bandas

5 de Marzo del 2026 - José Viñas García (OVIEDO)

La negativa del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a autorizar el uso de las bases estadounidenses en España ante un eventual conflicto con Irán ha reavivado un debate incómodo pero necesario: ¿qué sentido tiene albergar infraestructuras militares estratégicas si, llegado el momento, se impide su utilización por parte del aliado con el que se firmaron los acuerdos?

Una presencia estratégica, no simbólica

En territorio español operan instalaciones clave como la Base Naval de Rota y la Base Aérea de Morón. En ellas hay desplegados buques de guerra, aeronaves, contingentes militares y material estratégico de Estados Unidos. Su función no es decorativa ni protocolaria: forman parte de la arquitectura de defensa occidental en el marco de la OTAN.

Las bases existen para garantizar capacidad de reacción, disuasión y apoyo logístico ante crisis internacionales. No están diseñadas para actos simbólicos ni para permanecer inoperativas cuando la tensión escala.

La coherencia en las alianzas

Un aliado no es solo quien comparte intereses en tiempos de calma, sino quien responde cuando la situación exige decisiones difíciles. España, como miembro de la OTAN y socio estratégico de Estados Unidos, participa de una red de compromisos que implican responsabilidades.

Negar el uso de instalaciones estratégicas cuando podrían ser clave en una operación genera una contradicción: se acepta la presencia permanente de medios militares extranjeros, pero se limita su finalidad cuando se plantea su activación.

El debate moral y político

Más allá de la estrategia, está la cuestión ética. Irán es señalado internacionalmente por su represión interna y por desestabilizar regiones enteras. España, como democracia consolidada, difícilmente puede aparecer alineada -aunque sea de forma indirecta- con regímenes que restringen libertades y oprimen a su población.

La política exterior no puede sostenerse en equilibrios ambiguos. Defender valores democráticos exige claridad.

Una cuestión de credibilidad

Las decisiones en política internacional proyectan imagen y fiabilidad. Cuando un país mantiene infraestructuras militares conjuntas con un aliado pero, en el momento crítico, adopta una postura de bloqueo, la pregunta surge inevitable: ¿qué mensaje se envía a socios y adversarios?

España tiene derecho soberano a decidir sobre su territorio. Pero también debe valorar que la credibilidad estratégica es un activo que se construye durante años y puede erosionarse con decisiones percibidas como incoherentes.

Conclusión:

Las bases militares no son un elemento decorativo ni una concesión simbólica. Son instrumentos estratégicos pensados para situaciones reales. Si se acepta su existencia y su papel en la arquitectura de defensa occidental, parece razonable asumir que su finalidad no es teórica, sino operativa. La política exterior exige coherencia, especialmente cuando están en juego alianzas y principios democráticos.

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