Reacciones al ataque de Irán
Así, como de venada, me ha dado por ver los siete minutos de alocución televisada del presidente Macron a la nación, sin que en realidad haya dicho nada especial. Cuánta afectación retórica. Cuántos yo. No me extraña que los franceses se sientan ya muy cansados de quien ante tan escaso norte interior se refugia en cualquier incidencia exterior que se le cruza. Lo más relevante ya era conocido por la ciudadanía: que el ataque israelo-estadounidense no dispone de legalidad internacional. El resto, cámara. Me ha defraudado incluso el recientemente descubierto en Davos, el premier canadiense, Mark Carney. Ha pasado de perseguir la convergencia de las potencias medidas contra Trump a apoyar los ataques de EE UU contra Irán. Qué quieren que les diga... Que el más coherente y sensato en la órbita de los despropósitos es nuestro presidente Sánchez, aunque suene fatal. Habrá quien le regañe por no buscar una posición de concertación con los demás estados. Por significarse en lugar de mimetizarse con el rebaño. Yo sí me siento representado ante el sentido común, la verdad y el cumplimiento de la legalidad, que han de brotar siempre en cualquier circunstancia, sin mirar por el rabillo si me he quedado alineado o qué hacen los demás.
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