La Nueva España » Cartas de los lectores » ¡Señor juez, no estoy loca!

¡Señor juez, no estoy loca!

5 de Marzo del 2026 - Ángeles Menéndez Muñiz (Corvera de Asturias)

En 1975 La Organización de las Naciones Unidas designó oficialmente el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer para visibilizar la desigualdad de género y promover sus derechos.

La fecha se ha convertido en un día para recordar los avances logrados y las luchas pasadas, reflexionar sobre los desafíos actuales, como la brecha salarial, la violencia de género, la falta de representación y renovar el compromiso por un mundo más justo e igualitario para todas las mujeres.

Y así debería de ser porque entre esas mujeres están las que tienen DC pero precisamente por eso son las invisibles, este día se habla de ellas pero pasado el evento quedan relegadas al olvido hasta el próximo año.

Como madre mayor de un hijo adulto con DC os digo que las madres, cuidadoras principales de hijos e hijas dependientes hemos trabajado toda la vida cuidando a lo que más queremos en este mundo. Somos mujeres trabajadoras no reconocidas, nuestro trabajo no es remunerado, ahorramos muchísimo dinero al Estado, porque estamos cuidando a nuestros hijos e hijas desde pequeños hasta que llegue el día que no podamos más; y no es porque no queramos... Es porque muchas madres ya no se pueden ocupar de esas personas a su cargo por ser ellas también dependientes.

Hay personas que dicen que nuestra obligación es cuidar a nuestros hijos e hijas como las demás madres neurotípicas, pero hay una gran diferencia entre las madres "normales" y las madres de hijos e hijas con discapacidad: Esa situación personal no es solamente un problema familiar, es también un problema social por las siguientes razones que paso a resumir:

Barreras del entorno

Estigma y discriminación

Desigualdad de oportunidades

Derechos humanos

Es por eso que digo que no se trata solamente de un problema familiar... Lo que las madres cuidadoras esperamos del Estado es que nos garantice que nuestros hijos e hijas puedan estar en su casa cuando faltemos los padres, porque es un derecho que tienen, no queremos migajas ni caridad, exigimos derechos. Bastante han sufrido en su vida para que al final tengan que acabar en esas famosas residencias carcelarias, en las que, una vez llegan allí, dejan de ser personas para convertirse en un número o una etiqueta, en manos muchas veces de personas sin vocación y lo que es peor, sin escrúpulos.

Señores políticos: si nuestros hijos e hijas tienen derecho a nacer también lo tienen a vivir con dignidad y respeto.

Las mujeres mayores, principales cuidadoras, no somos trabajadoras reconocidas pero libramos batallas por conseguir el bienestar de nuestros hijos e hijas y, por ende, del conjunto social. Que nadie diga que no trabajamos porque nuestra dedicación es plena los 365 días del año y sin derecho a jubilación.

Pero esta emblemática fecha del 8 de Marzo, Día de la Mujer, no solo nos lleva a esto que acabamos de compartir. Hay otras reivindicaciones que no podemos dejar en silencio. Una de ellas alude directamente a la violencia que sufren quienes no pueden alzar la voz para defenderse... Y, como soy parte de un taller de teatro, vais a permitirme que escenifique un poco esa ineludible reivindicación... y que preste mi pequeña voz para ilustrar esa necesaria denuncia.

¡Señor juez, no estoy loca!

No, señor juez, no quiero que atenúe mi pena de cárcel alegando que estoy loca, porque estoy más cuerda que nunca.

Loca estaba cuando veía a mis dos hijos sufrir, colocarse cascos para no escuchar los gritos, e intentar pasar desapercibidos ante el monstruo que tienen como padre.

Siempre borracho, siempre montando escándalos por lo más mínimo, siempre chantajeando a mis hijos para que hicieran su voluntad... No hay nada más repulsivo que el chantaje emocional.

Señor juez, ellos no están en su mundo como la mayoría de la sociedad piensa. Mis hijos aguantaron de todo desde niños: empujones que el monstruo nos regalaba cada dos por tres, sus gritos, su cero empatía para con ellos, sus amenazas.

Hasta que se hicieron adultos y entonces cambió todo, un día escuche decir al hermano mayor... No aguanto más, ojalá desaparezca de nuestra vida para vivir tranquilos. Mis hijos tenían charlas entre ellos y pienso que les vino bien, porque de ser hijo único ¿con quién iba a desahogar todo lo que sentía?

Y, un día más, llegó el monstruo sembrando el terror en mis hijos... y entonces en un momento de lucidez hice realidad el deseo de ellos.

Se lo debía; pensando que el monstruo cambiaria aguanté carros y carretas, pero él no cambia, cada día se crece más.

Por fin siento que les regalo a mis hijos el mayor tesoro que merecen: la paz y la tranquilidad.

No, señor juez, no estoy loca estoy en mis plenas facultades; el monstruo no va hacer más daño a lo que más quiero en el mundo.

Hoy mis hijos y yo gozaremos de tranquilidad; porque aunque tengo que cumplir condena, pienso que va ser más leve que vivir en un infierno, se ven muchas casas pero pocos hogares.

No, señor juez, no estoy loca, actué con nocturnidad, premeditación y alevosía.

Cartas

Número de cartas: 49536

Número de cartas en Marzo: 113

Tribunas

Número de tribunas: 2194

Número de tribunas en Marzo: 1

Condiciones
Enviar carta por internet

Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.

» Formulario de envío.

Enviar carta por correo convencional

Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:

Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo
Buscador