No es arraigo, es escasez
“Que no nos enfrenten por las migajas”, me dijo José mientras removía el café. Vive con poco más de 400 euros al mes. Ha compartido piso con jóvenes africanos y latinoamericanos que trabajan y estudian. Sus padres llegaron de Portugal cuando las minas aún daban futuro. Él levantó un negocio, lo perdió, cayó y ahora intenta rehacerse. No encaja en ningún titular. Pero entiende el problema mejor que quienes prefieren señalar culpables antes que construir soluciones.
José, nacido aquí, no culpa a nadie por haber llegado después. Lo que señala es otra cosa: que lo que falta no son personas, sino viviendas.
Porque últimamente se habla mucho de “arraigo” para explicar la crisis de vivienda en Asturias. Suena bien. Suena justo. Pero es una trampa.
La población de nacionalidad extranjera en Asturias es el 6,67% del total (INE, enero 2025), menos de la mitad de la media española. Y, aun así, según el Índice de Precios de Vivienda del INE, los precios crecieron un 13,5% interanual en el segundo trimestre de 2025. Comprar exige cinco o seis años de salario bruto. Más de la mitad de los hogares destina al alquiler por encima del 30% de sus ingresos. Si el problema fuera “quién compite”, con tan poca población extranjera no habría crisis. Pero la hay. Porque lo que falta no son criterios de exclusión. Lo que falta es vivienda.
En 2023, último dato público disponible, Vipasa firmó 350 contratos de vivienda pública. Solo 265 fueron nuevas adjudicaciones. La discusión no debería ser quién tiene más derecho a esas 265 viviendas. La pregunta es por qué son solo 265.
No existe Plan Autonómico de Vivienda vigente desde 2021. La comunidad recauda millones en transmisiones patrimoniales y plusvalías gracias a un mercado al alza, pero la política residencial sigue esperando a que otros pongan el dinero. Asturias tiene la competencia. Lo que no tiene es la iniciativa. Y quizá no sea casualidad: cuando los precios suben, recaudan más quienes gobiernan, ganan más quienes promueven, y se revaloriza el patrimonio de quienes ya tenemos vivienda. Los que no la tienen no tienen "lobby". La inercia no es un descuido, es un equilibrio que beneficia a demasiados.
Y, mientras tanto, discutimos quién merece más lo poco que hay. ¿Aumenta eso el parque público? ¿Reduce precios? ¿Desbloquea suelo? No. Solo nos obliga a pelear entre nosotros mientras quienes deberían estar ampliando la mesa se entretienen decidiendo quién se sienta.
Asturias no debería necesitar que nadie se lo recuerde. Esta fue tierra de emigrantes y de inmigrantes. Las cuencas mineras y la industria no se levantaron solas. Se levantaron con portugueses, andaluces, extremeños y gallegos. No eran amenaza. Eran futuro.
Y la paradoja es sangrante. Llevamos años invocando el “reto demográfico”: queríamos jóvenes, trabajadores, actividad. ¿Qué pensábamos que pasaría cuando llegaran? ¿Que no necesitarían casa?
La crisis de vivienda no es identitaria. Es económica e institucional. Se resuelve con ampliación real del parque público, regulación inteligente y participación de quienes están en los márgenes, que conocen el sistema desde dentro.
José lo dijo sin ideología, con memoria: “No es cuestión de dónde vienes. Es cuestión de que haya suficiente para vivir con dignidad”.
Quizá el debate debería empezar ahí.
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